La reciente adquisición de xAI por parte de SpaceX, según reporta The New York Times, consolida la empresa privada más valiosa del mundo y apuesta por una integración vertical sin precedentes. Esta operación estratégica busca trasladar el procesamiento de datos masivos al espacio para mitigar las limitaciones energéticas terrestres, aunque plantea serias interrogantes financieras.

La estrategia de cómputo orbital y la visión de Musk
La fusión valora a la entidad combinada en 1,25 billones de dólares, uniendo la capacidad de lanzamiento con el desarrollo de inteligencia artificial. Musk argumenta que esta unión es vital para superar las barreras físicas de los centros de datos actuales, proyectando una infraestructura que opere fuera de la atmósfera.
En un memorando estratégico dirigido a la plantilla para justificar la racionalidad operativa de esta integración vertical, Elon Musk, CEO de SpaceX y xAI, defendió la fusión como el paso evolutivo necesario para escalar la capacidad de cómputo.
"A largo plazo, la IA basada en el espacio es obviamente la única forma de escalar".
Reacción de los analistas ante la dilución accionaria
A pesar de la visión técnica, el mercado observa con cautela la estructura de capital resultante. SpaceX, que reportó ingresos por 15.000 millones de dólares el año pasado, deberá absorber el consumo de efectivo de xAI, estimado en 1.000 millones mensuales, lo que complica su narrativa previo a la oferta pública.
Analizando el impacto en la percepción de riesgo para el medio financiero DealBook, Andrew Rocco, estratega de Zacks Investment Research, sugirió que la consolidación podría simplificar la gestión ejecutiva al unificar los intereses dispersos de Musk bajo una sola estructura.
"La compañía combinada hace que SpaceX sea 'mucho más atractiva' para los inversores porque elimina las distracciones para Musk".

Escepticismo en los mercados secundarios
La viabilidad técnica de operar centros de datos en el espacio, enfrentando retos de refrigeración y radiación, sigue siendo un punto de fricción. Mientras Google proyecta esta tecnología para la década de 2030, Musk estima plazos de dos a tres años, lo que genera dudas entre los tenedores de acciones privadas.
Sobre la recepción mixta del acuerdo entre los grandes inversores institucionales, Michael Sobel, inversor en mercados secundarios, señaló a The Information que existe un escepticismo moderado entre los accionistas actuales respecto a la lógica financiera inmediata de esta megafusión.
"Muchos están abiertos a su lógica y confían en Musk, pero están como: 'Mmm'".


