Matías del Campo de Entel: “Nos adelantamos a la tendencia de tener una conectividad cada vez más híbrida que considera constelaciones satelitales, redes móviles y fibra”
Matías del Campo, vicepresidente de Mercado B2C de Entel | Créditos: Tabulado & Pisapapeles

Matías del Campo de Entel: “Nos adelantamos a la tendencia de tener una conectividad cada vez más híbrida que considera constelaciones satelitales, redes móviles y fibra”

En el marco de la segunda fase de Direct to Cell (D2C), el equipo de Editorial conversó con Matías del Campo, vicepresidente de Mercado B2C de Entel, para abordar el avance de esta tecnología junto a Starlink y su proyección en Chile.

En la entrevista, el ejecutivo se refiere al paso desde la mensajería satelital a aplicaciones compatibles, al rol que puede jugar esta conectividad como complemento de la red terrestre y a los sectores donde su desarrollo podría abrir uso operativo, continuidad y nuevas oportunidades de servicio.

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El paso desde SMS a aplicaciones compatibles cambia la escala de la conversación, porque instala una red satelital que ya no opera solo como respaldo de emergencia y empieza a integrarse en escenarios de comunicación más amplios.

Con la primera fase del Direct to Cell marcamos un antes y un después en la conectividad, situando a Chile dentro de los primeros 5 países del mundo en conectar a los satélites directamente al celular y el primero de Latinoamérica. El lanzamiento de este servicio puso tecnología de nivel mundial al servicio de las personas, primero con SMS y ahora con aplicaciones compatibles con cobertura satelital”.

En esa lectura, la segunda fase no solo amplía funcionalidades, sino que también cambia la escala de valor del servicio. La red satelital empieza a dejar de ser una solución de contingencia para convertirse en una extensión concreta de la conectividad móvil.

“Este avance representa que los smartphones comunes pueden conectarse a satélites sin dispositivos especiales y acceder al uso de aplicaciones como WhatsApp, Google Maps, AccuWeather y X. Esto habilita también mensajería, llamadas de voz, videollamadas, navegación y pronósticos del tiempo en zonas sin red móvil terrestre, ampliando la capacidad de comunicación y las infinitas posibilidades que entrega la tecnología”.
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Desde ahí, la entrevista entra en un plano más estratégico, porque la discusión ya no pasa solo por cobertura en zonas aisladas, sino por cómo las operadoras empiezan a construir una arquitectura más híbrida.

Para Del Campo, ese movimiento no debe leerse como una reacción tardía, sino como una decisión anticipada frente a una tendencia que va a reordenar la forma de extender conectividad.

En Entel fuimos pioneros cuando en 2023 firmamos una alianza estratégica con Starlink, adelantándonos a la tendencia de tener una conectividad cada vez más híbrida que considera constelaciones satelitales, redes móviles y fibra, ya que la tecnología Direct to Cell, permite que smartphones comunes y corrientes se conecten directamente al satélite cuando no existe red terrestre”.
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El punto no es menor, porque instala esta iniciativa dentro de una decisión de largo plazo y no solo como un lanzamiento puntual. La lógica que plantea el ejecutivo apunta a una red donde distintas capas tecnológicas conviven según territorio, demanda y caso de uso.

“Esto, especialmente en Chile, será cada vez más relevante por su geografía, y nosotros como Entel nos adelantamos a esta tendencia para evaluar las posibilidades, y habilitar en 2025 la oferta comercial, siempre con el foco de entregar una oferta diferenciadora a nuestros clientes”.

Una capa complementaria con impacto operativo

Ese punto es relevante porque instala a D2C menos como una solución aislada y más como parte de una red complementaria que puede extender continuidad operacional donde la infraestructura terrestre no llega. En un país como Chile, esa discusión no se limita a cobertura residencial o consumo, porque toca de forma directa a industrias que operan en faenas, rutas, mar y zonas remotas.

Ahí es donde el vocero empieza a dibujar el mapa de verticales que podrían capturar valor más temprano. Aunque reconoce que la tecnología sigue en desarrollo y que hoy el usuario masivo ha mostrado los casos más visibles, también identifica con bastante claridad los sectores donde esta capa satelital puede empezar a jugar un rol concreto.

“Este servicio, aún está en etapa de desarrollo y paulatinamente comenzarán a desarrollarse usos y funcionalidades. Consideramos que está en estado de avance donde el usuario B2C, es quién ha encontrado más casos de uso, especialmente en relación al turismo donde muchas veces Parque Nacionales, o tramos en los caminos, no cuentan con red terrestre”.
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Esa aclaración ordena bien el momento actual de la tecnología, porque separa visibilidad de madurez. El consumo puede haber mostrado primero los casos más evidentes, pero el potencial de fondo aparece en actividades donde la conectividad incide sobre operación, seguridad y continuidad.

“Sin embargo, por las características del Direct to Cell, vemos que es una herramienta potente para los sectores de transporte y logística; minería; energía; actividad marítima; y para habilitar soluciones de seguridad en casos de emergencia”.

La lectura corporativa de esa respuesta es bastante clara, porque sitúa a D2C en actividades donde la continuidad de comunicación puede impactar seguridad, coordinación y tiempos de respuesta. No aparece todavía como una capa madura para cualquier proceso crítico, pero sí como una tecnología que empieza a abrir espacio en operaciones distribuidas y en territorios donde la conectividad sigue siendo una limitación real.

La entrevista también aterriza rápido en los obstáculos que todavía condicionan la escalabilidad de esta propuesta. En esa parte, Del Campo no se queda solo en regulación, sino que incorpora límites propios del desempeño satelital, requisitos de uso y compatibilidad progresiva de aplicaciones.

“Desde el punto de vista regulatorio, desde noviembre de 2025, contamos con todos los permisos (tanto de Chile como de Estados Unidos) para operar este servicio”.

Esa base regulatoria despeja una parte de la discusión, pero no resuelve por sí sola el desafío de ejecución. La expansión de esta capa de conectividad sigue dependiendo de desempeño real, disponibilidad satelital y condiciones específicas de uso en terreno.

“Otro punto tiene que ver con los requisitos de uso. Es decir que debe ser una zona sin red móvil terrestre, el cielo debe estar despejado, contar con un equipo compatible con la última actualización de software, y roaming y VoLTE habilitados”.
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Aquí, Matías del Campo precisa que el uso de esta tecnología no depende únicamente de su disponibilidad comercial, sino también de una serie de condiciones técnicas y operativas que deben cumplirse al mismo tiempo.

“Asimismo, las aplicaciones que funcionan con esta tecnología irán creciendo en el tiempo, en la medida en que cuenten con la compatibilidad satelital”.

Con eso, el vocero introduce un segundo plano de análisis, ligado a la evolución del ecosistema digital que acompañará este tipo de conectividad a medida que más servicios integren soporte específico.

“Las personas no necesitan descargar nuevamente las aplicaciones y son las mismas versiones que hoy utilizan, aunque podrían tener una mayor latencia que en el uso de la red móvil terrestre”.

De este modo, del Campo aclara que la experiencia de uso mantendrá una lógica similar a la actual desde el lado del usuario, aunque con diferencias de desempeño frente a una red móvil convencional.

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La discusión pasa de la novedad al desempeño

Ese bloque probablemente concentra la parte más importante para una lectura ejecutiva, porque ubica el desafío en la distancia entre promesa tecnológica y ejecución real. La oportunidad es evidente, pero la forma de capturarla depende de cómo se gestione capacidad, experiencia de uso, compatibilidad y entendimiento del servicio.

Por eso, cuando se le pregunta por éxito, el ejecutivo evita amarrarlo por ahora a una métrica cerrada de cobertura, adopción o ingreso incremental. En esta fase, la prioridad que plantea es más básica y al mismo tiempo más decisiva: que la tecnología funcione bien y que el mercado aprenda a usarla en condiciones reales.

“Estamos concentrados en el corto plazo en que el desarrollo de la tecnología funcione bien, y que las personas aprendan a usarla. Con el inicio de la fase 2, estamos comenzando con algunas aplicaciones, pero eventualmente se irán habilitando nuevos usos y aplicativos”.

La definición muestra que la compañía está mirando esta etapa como un proceso de validación operativa antes que como una carrera por volumen. En una tecnología todavía emergente, el aprendizaje de uso pesa tanto como la cobertura o la disponibilidad comercial.

“Una vez esté más desarrollado, se podrá ver un indicador de éxito, pero por ahora, el objetivo es asegurarnos de que los usuarios entiendan esta tecnología, cómo usarla, y las oportunidades que habilita”.
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La respuesta tiene sentido si se considera el momento de madurez en que está esta oferta. Antes de transformarse en una categoría plenamente explotable desde el negocio, D2C todavía necesita consolidar desempeño, pedagogía de uso y casos concretos que validen su utilidad más allá del efecto inicial de lanzamiento.

Ese mismo realismo aparece cuando la conversación baja a la operación de la red en terreno. Ahí el vocero explica cómo funciona la cobertura cuando no existe señal terrestre y, al mismo tiempo, pone sobre la mesa uno de los factores más sensibles de este modelo: la capacidad finita del satélite y la necesidad de priorizar usos.

“El Direct to Cell permite que un teléfono se conecte a la red satelital Starlink (si el equipo es compatible) cuando no hay cobertura red móvil terrestre. Efectivamente cada satélite tiene límites de capacidad y no funcionan con la misma velocidad de carga y descarga que los datos brindados por redes terrestres”.

Ese punto es central para una lectura corporativa, porque aterriza la conversación en gestión de capacidad y calidad de servicio. La oportunidad existe, pero su despliegue exige entender que esta capa no funciona bajo la misma lógica que una red terrestre tradicional.

“En esa línea, si hay muchos usuarios simultáneos, podría haber demoras en el envío/recepción de mensajes. Por eso, el llamado es a optimizar el uso para priorizar la comunicación o acceso a aplicaciones que son de apoyo en zonas donde no hay red tradicional. Además las aplicaciones que están disponibles en modo satelital, están optimizadas para su uso es estas condiciones de conectividad. El uso, además tiene ciertos requisitos, como vista despejada al cielo, tener un equipo compatible, y tener el roaming activado”.

En esa definición está, probablemente, la forma más precisa de leer esta segunda fase desde alta gerencia. No como sustituto de la red móvil convencional, sino como una capa complementaria que puede ampliar alcance, fortalecer continuidad y abrir nuevos casos de uso donde la cobertura terrestre sigue siendo insuficiente.