Un reporte original de BNamericas expone que los modelos actuales de adquisición tecnológica en América Latina comprometen el retorno de inversión en supercomputación.
La brecha temporal entre la aprobación presupuestaria y el despliegue físico genera una obsolescencia inmediata en los activos críticos, obligando a las organizaciones a replantear sus estrategias de CapEx frente a la velocidad de la innovación en hardware.
Latencia en la adquisición de hardware
La planificación de infraestructura de alto rendimiento enfrenta un desafío logístico que desalinea las capacidades técnicas proyectadas con la realidad operativa al momento de la implementación. Los tiempos de entrega, que oscilan entre 12 y 18 meses, provocan que la tecnología adquirida sea insuficiente para las cargas de trabajo que evolucionaron durante el proceso de compra.
Nicolás Cánovas, gerente general para América Latina en AMD, explica la fricción existente entre los ciclos de compra corporativos y la velocidad de innovación del silicio actual:
"Uno empieza a dimensionar un proyecto de supercomputación o inteligencia artificial y, desde el momento en que se dimensiona, se consigue el presupuesto y se hace la compra, hasta que el hardware llega, pasa un año o un año y medio".

Brecha en la infraestructura energética
Además del riesgo de obsolescencia, la región enfrenta una limitación estructural en la capacidad de suministro eléctrico para soportar la densidad de los nuevos clústeres de IA.
Los proyectos que anteriormente requerían entre 5 y 10 MW ahora demandan capacidades cercanas a los 100 MW, una cifra que excede la disponibilidad inmediata de la mayoría de los centros de datos locales. Esto obliga a los tomadores de decisiones a evaluar no solo el costo del cómputo, sino la viabilidad energética a largo plazo antes de comprometer capital.

