La soberanía de datos y la capacidad de procesamiento local han pasado de ser una ventaja competitiva a una necesidad operativa crítica. La Universidad de Tarapacá (UTA) lidera este cambio de paradigma con la inminente activación de su nuevo complejo de supercómputo en Arica, una maniobra que descentraliza la infraestructura tecnológica nacional y reduce la dependencia de proveedores externos.

Supremacía técnica y alcance latinoamericano
La instalación, programada para iniciar operaciones en junio de 2026, integra 12 servidores de alta densidad equipados con 8 GPUs NVIDIA H200 cada uno. Este despliegue de hardware no solo supera las capacidades actuales del ecosistema de investigación chileno, sino que redibuja el mapa de influencia tecnológica en el cono sur.

Al dimensionar el impacto geopolítico y técnico de esta obra civil durante su presentación en el bloque de innovación, Patricio Zapata Valenzuela, vicerrector de Desarrollo Estratégico de la Universidad de Tarapacá, destacó la magnitud del activo.
“[...] se trata del futuro centro de supercómputo de la UTA, que se proyecta como el más grande del país y uno de los más relevantes de América Latina”.
La visión institucional trasciende la mera adquisición de “fierros”, enfocándose en crear polos de desarrollo competitivos fuera de la capital. Esta estrategia busca alinear la capacidad de cálculo con las necesidades territoriales específicas de la macrozona norte.
Reforzando el compromiso de la institución con un desarrollo territorial equilibrado y autónomo, la autoridad universitaria subrayó el objetivo político detrás de la inversión.
“Nuestra apuesta tiene que ver con descentralización tecnológica”.

El motor de la inteligencia artificial
La arquitectura HPC (High Performance Computing) es el requisito fundamental para entrenar modelos complejos de inteligencia artificial y realizar simulaciones avanzadas. Sin esta capacidad instalada localmente, el avance científico queda supeditado a la latencia y disponibilidad de infraestructura extranjera.
Analizando los requerimientos técnicos indispensables para la evolución de la ciencia de datos, el ejecutivo académico explicó la simbiosis crítica entre el hardware avanzado y los algoritmos.
“No se podría haber desarrollado la IA sin el procesamiento de esta información a través de los centros de supercómputo, por lo tanto, la investigación científica de nuestro país, el desarrollo de la inteligencia artificial, están potenciados por los centros de alto rendimiento”.
El mercado actual de servicios en la nube presenta barreras de entrada económicas significativas (OPEX) que limitan la viabilidad financiera de proyectos de investigación de larga data. Los costos operativos de los hiperescaladores suelen volver inviable la escalabilidad de ciertos estudios.
Contrastando la oferta de los gigantes tecnológicos globales con la eficiencia de costos del nuevo centro, el directivo de la UTA detalló la ventaja competitiva para los investigadores nacionales.
“Microsoft, Amazon, Google, ellos ofertan los servicios para este tipo de cosas, pero es muy difícil para los investigadores chilenos poder acceder por el costo [...]. En el país, gracias a lo que ha hecho la U. de Chile hasta ahora, y gracias a estos tres centros que se están implementando, vamos a tener una capacidad muy grande [...] que permitirá a muchos investigadores de todas las universidades de Chile, tener esa capacidad de cómputo”.

Inversión estratégica y capital humano
La materialización de este activo implica una inyección directa de recursos cercana a los 5.200 millones de pesos. Esta cifra busca cerrar la brecha de infraestructura con las naciones desarrolladas y reducir la dependencia del gasto operativo en la nube, proyectando ahorros millonarios en el largo plazo.
Cuantificando el esfuerzo financiero y su retorno esperado en independencia científica, Zapata valoró el impacto en la reducción de la brecha digital internacional.
“El centro de la UTA nos está costando a nosotros aproximadamente 5.200 millones de pesos. Se está generando una capacidad de cómputo que va a ser muy relevante, lo que nos permitirá disminuir parcialmente esta brecha con los países más desarrollados y ser más independientes [...] en relación a la nube”.
El éxito del proyecto no radica solo en la compra de servidores, sino en una estrategia previa de atracción de talento avanzado. La creación de institutos especializados sentó las bases operativas para gestionar esta tecnología de punta con capital humano de excelencia.

Recordando la planificación a largo plazo que permitió llegar a este hito tecnológico, el vocero institucional mencionó el rol fundamental de los especialistas traídos a la región.
“[...] hace años atrás se estableció un Instituto de Alta Investigación en la Universidad [...] donde hubo una apuesta interesante en atraer a determinados académicos que, en definitiva, fueron relevantes para desarrollar el centro que estamos haciendo hoy”.
La ejecución final es producto de una articulación multisectorial que incluye alianzas públicas y académicas clave como el CENIA. La colaboración interinstitucional ha sido el factor determinante para viabilizar la infraestructura física y lógica en tiempo récord.
Para finalizar, reconociendo a los actores institucionales y gubernamentales que facilitaron esta obra de gran envergadura, el Vicerrector cerró destacando la red de alianzas estratégicas.
“La conducción superior de la U. de Tarapacá, la alianza con CENIA, la proyección del Instituto de Alta Investigación y el financiamiento compartido con el Ministerio de Educación, posibilitaron la materialización de este importante proyecto”.


