El panorama de la adopción de la Inteligencia Artificial (IA) en Chile se presenta con matices. Si bien existe una creciente conciencia sobre el potencial transformador de esta tecnología, su desarrollo e implementación a nivel empresarial y organizacional aún navega en aguas de uso informal.

En Chile todavía se está discutiendo en el Congreso una normativa que regula los sistemas de IA. Por lo que ante la ausencia de esa guía, los datos y la percepción de expertos indican que la IA se está integrando de forma experimental, informal o limitada a plataformas de uso individual (Copilot, Gemini, Chat GPT y otras), que no siempre están alineadas con una estrategia corporativa. Hoy se habla de la necesidad de una gobernanza específica para la implementación de estas innovaciones.
Esto se traduce en proyectos aislados, a menudo impulsados por equipos individuales o áreas específicas, sin una visión holística. El “uso informal” puede generar eficiencias puntuales, pero limita la capacidad de la organización para obtener una ventaja competitiva sostenible.

El segundo pilar de esta problemática es la dificultad para cuantificar el ROI. La inversión en IA, que incluye tecnología, infraestructura y talento especializado, requiere una justificación. Sin embargo, muchas empresas chilenas enfrentan desafíos para establecer métricas adecuadas que demuestren el valor real de los proyectos, ya sea en términos de aumento de ingresos, reducción de costos, mejora de la experiencia del cliente o optimización de procesos.
La falta de claridad en el ROI obstaculiza la escalabilidad de las iniciativas y dificulta la obtención de presupuestos mayores por parte de la alta dirección, perpetuando un ciclo de adopción cauteloso.

Justamente, y a medida que esta tecnología se consolida rápidamente en las empresas, surgen nuevos desafíos y legislaciones, lo que convierte la gobernanza en un tema clave. Una herramienta tan poderosa requiere un uso responsable y ético. Comercialmente, ofrece alternativas únicas y personalizadas a cada necesidad. Pero lamentablemente aún no existe una oferta atractiva, basada en un desarrollo y entrenamiento de modelos originales.
Así, muchas cosas existían antes del auge y apogeo actual, lo que lleva a ideas oportunistas que solo confunden. Chile está inmerso en un mundo global, donde está expuesto a las mismas oportunidades y a las mismas amenazas. Por ello, creemos y apostamos por la ética y la responsabilidad.
Con esto, la IA tiene un abanico infinito de posibilidades. Se está haciendo un poco de todo en todos lados, pero sigue primando una adopción poco estructurada y carente de visibilidad sobre cómo utilizarla.
Superar esta brecha requiere una articulación más estrecha entre la academia, el sector privado y el gobierno, enfocada en la creación de una hoja de ruta nacional para la IA que fomente la inversión estratégica, promueva la formalización de su uso y exija la medición rigurosa de sus resultados. Solo así se podrá transformar el interés en IA en un motor de crecimiento económico y desarrollo para el país.





