La tasa de desocupación en Chile llegó a 9,6% en el trimestre junio-agosto de 2026, un punto porcentual más que hace un año, mientras el número de personas desocupadas aumentó 13%, según el INE.

Son cifras que reflejan un mercado laboral más exigente y que coinciden con otra transformación: la tecnología está cambiando la manera en que los profesionales buscan oportunidades y compiten por ellas.
En este escenario aparece una paradoja: nunca había sido tan fácil mostrar lo que hacemos y, al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil diferenciarse.

LinkedIn, las redes profesionales y la inteligencia artificial generativa permiten presentar nuestra trayectoria, compartir conocimientos y producir contenidos en minutos. Las posibilidades de ganar visibilidad son enormes. Pero esa misma facilidad tiene una consecuencia: currículums, publicaciones y discursos profesionales comienzan a parecerse cada vez más.
Por eso, un currículum sigue siendo necesario, pero ya no siempre es suficiente. Puede contar dónde estudiamos, dónde hemos trabajado y qué cargos hemos ocupado. Lo que difícilmente transmite por sí solo es nuestra manera de resolver problemas, el criterio desarrollado durante años o la forma particular en que enfrentamos un desafío.

Ahí adquiere relevancia la marca personal. No como una estrategia para inventar un personaje, sino como la capacidad de reconocer y proyectar aquello que hemos construido a lo largo del tiempo: experiencia, conocimientos, habilidades, relaciones y una determinada manera de hacer las cosas.
Y esa construcción no debería comenzar el día en que perdemos nuestro trabajo. Cada proyecto, conversación, relación profesional o desafío deja una huella. También nuestra presencia digital. Sin embargo, estar visible no es lo mismo que ser relevante. La credibilidad se construye cuando existe coherencia entre lo que mostramos, lo que hacemos y la experiencia que otros han tenido trabajando con nosotros.

La inteligencia artificial vuelve esa distinción todavía más importante. Hoy puede ayudarnos a mejorar un currículum, preparar una entrevista o desarrollar una publicación para LinkedIn. Son herramientas muy útiles, pero precisamente porque están al alcance de millones de personas, utilizarlas ya no constituye por sí mismo una ventaja.
Experiencia, criterio, conocimiento de una industria, capacidad para resolver problemas y una mirada propia son mucho más difíciles de replicar. La tecnología puede ayudarnos a expresarlos mejor, pero no puede reemplazar la trayectoria que los sustenta.

Construir una marca personal tampoco garantiza conseguir empleo ni elimina las dificultades de un mercado laboral competitivo. Pero permite comprender qué hemos construido, qué podemos aportar y qué queremos que otros asocien con nuestro nombre cuando aparezca una oportunidad.
Porque un currículum cuenta nuestra trayectoria. Una marca personal muestra el proceso detrás y por qué esa trayectoria importa.






