Cyntia Soto Cifuentes, gerenta de Sostenibilidad y Responsabilidad Corporativa en Claro Chile.
El debate sobre el entorno digital de niños, niñas y adolescentes vuelve a instalarse con fuerza. En España se anunció la prohibición del uso de redes sociales para menores de 16 años y, en Chile, el 1 de marzo entra en vigencia la restricción del uso de celulares en los colegios. Son medidas que reflejan una preocupación legítima, pero que por sí solas no abordan el problema de fondo: internet ya es parte de la vida social, educativa y emocional de niños y adolescentes.

Según la Radiografía Digital 2025, elaborada junto a Criteria, seis de cada diez niños en Chile acceden a dispositivos digitales desde los 7 años. Este dato obliga a mirar más allá de las restricciones. La integración de la tecnología en sus vidas requiere educación, acompañamiento adulto y herramientas de protección digital que permitan un uso más seguro, consciente y acorde a su etapa de desarrollo.
En Chile existen avances relevantes a través de la Mesa Intersectorial por el Bienestar Digital Infantil. Este espacio puede ser parte de la respuesta que hoy se necesita: pasar de la preocupación a la implementación concreta, definiendo estándares, fortaleciendo competencias y coordinando responsabilidades entre Estado, sistema educativo, industria y familias.
Porque el riesgo digital no se gestiona solo con diagnósticos ni reacciones puntuales, sino con prácticas y protocolos que funcionen en la vida cotidiana, no solo cuando un caso se instala en la agenda pública por algunos días.
