La conversación sobre inteligencia artificial en las empresas suele comenzar por la tecnología: qué herramienta adoptar, qué proveedor elegir o cuánto invertir. Sin embargo, la evidencia apunta en otra dirección.

El segundo People Readiness Report de Kyndryl, que encuestó a 1.100 líderes empresariales y tecnológicos en ocho mercados, muestra que el factor que más influye en el retorno de la IA no es la tecnología, sino la preparación de las personas.
La experiencia global: El contraste entre la adopción y la preparación
A nivel global, el desafío ya no es adoptar inteligencia artificial, sino desarrollar las capacidades necesarias para generar valor con ella. Mientras el 57% de las organizaciones afirma tener la IA integrada en procesos centrales o desplegada ampliamente en la empresa, solo el 23% considera que su fuerza laboral está preparada para aprovecharla plenamente.
Esta brecha demuestra que la ventaja competitiva no depende únicamente de la tecnología, sino de la capacidad de las organizaciones para adaptar habilidades, formas de trabajo y estructuras de gestión al nuevo contexto.

Los datos muestran que las organizaciones más avanzadas no solo están incorporando IA, sino también construyendo las condiciones necesarias para escalarla. A medida que la tecnología se integra en procesos críticos del negocio, aumenta la necesidad de contar con capacidades organizacionales que permitan gestionar el cambio, capturar valor de forma sostenida y acelerar su adopción a gran escala.
La madurez también se observa en los desafíos que hoy ocupan la agenda de los líderes. Entre ellos, la ciberseguridad encabeza la lista de preocupaciones durante la implementación de IA. Del mismo modo, cerca de tres de cada diez organizaciones cuentan con controles formales de gobernanza plenamente implementados, evidencia de que la inteligencia artificial ya se aborda como una prioridad estratégica que exige marcos de gestión, supervisión y toma de decisiones cada vez más robustos.

La realidad de Chile: Dependencia externa y desafíos pendientes
Los resultados del AI Maturity Index Chile 2026, basado en una encuesta a 50 ejecutivos de alta dirección de empresas chilenas de distintos sectores, muestran que solo el 38% de los ejecutivos declara el upskilling interno como su estrategia principal para cerrar las brechas de habilidades, mientras que el 40% se apoya principalmente en partners y consultoras externas.
En este sentido, los partners pueden acelerar proyectos, aportar experiencia especializada y transferir conocimientos críticos para avanzar en iniciativas de IA. Sin embargo, para capturar plenamente ese valor, las organizaciones también necesitan equipos capaces de comprenderlo, gestionarlo e integrarlo en sus procesos y decisiones.

Las consecuencias son visibles. Apenas el 8% de los ejecutivos define a su empresa como “AI-First”, con la IA en el núcleo de sus operaciones, mientras que casi la mitad sigue en etapas de implementación táctica. Cuando las capacidades internas aún están en desarrollo, resulta más difícil extender esos avances a escala y llevarlos más allá de iniciativas específicas o pilotos.
Respecto de la percepción de los riesgos, en Chile la ciberseguridad ocupa el tercer lugar entre los obstáculos para escalar iniciativas de IA. Más que una fortaleza, esto podría reflejar que muchas organizaciones aún no han alcanzado niveles de adopción suficientes para enfrentarse plenamente a esos desafíos.

La brecha también es visible en gobernanza. Solo el 4% de las empresas consultadas cuenta con un comité de ética y políticas formales de IA.
El desafío estratégico: Poner a las personas en el centro
Los datos muestran una constante: las organizaciones que avanzan con mayor éxito en inteligencia artificial son aquellas que desarrollan las capacidades de sus personas.
La tecnología puede adquirirse. El conocimiento para utilizarla, adaptarla y convertirla en valor para el negocio debe construirse. La experiencia global demuestra que las empresas que invierten en talento interno logran una adopción más profunda, gestionan mejor los riesgos y obtienen resultados más sostenibles.

La brecha con el mundo no se cerrará comprando más herramientas ni apoyándose exclusivamente en una única fuente de capacidades. Se cerrará cuando las organizaciones logren combinar el conocimiento especializado que aportan los partners con el desarrollo de las personas que deberán trabajar con estas tecnologías, liderarlas y convertirlas en una ventaja competitiva.
Porque el verdadero diferencial de la inteligencia artificial no está en la tecnología, sino en las personas capaces de transformarla en resultados.







