La biotecnología comienza a ocupar un lugar más estratégico en sectores donde convergen riesgo sanitario, presión ambiental y continuidad productiva. Desde esa mirada, el doctor Iván Calderón, director del Doctorado en Biotecnología de la Universidad Andrés Bello, plantea que esta disciplina puede aportar respuestas concretas en vigilancia de enfermedades emergentes, reducción de impactos en minería y agroindustria, y adaptación de los sistemas alimentarios frente al cambio climático.

La lectura de Calderón sobre los límites de los modelos tradicionales
El enfoque del vocero parte desde una premisa clara: la biotecnología dejó de ser un campo aislado del laboratorio y hoy opera como una herramienta para responder a desafíos productivos y ambientales. En el caso del programa que dirige, esa mirada se organiza en biotecnología biomédica y animal, biotecnología microbiana y biotecnología vegetal.
La disciplina trabaja con microorganismos, células y moléculas para desarrollar tecnologías de base biológica. Desde esa lógica, Calderón conecta la formación doctoral con problemas que afectan a gobiernos, empresas, sistemas sanitarios y cadenas de abastecimiento.
Calderón presenta el diagnóstico desde una tensión que cruza gestión pública, inversión privada y continuidad de servicios. Su lectura sitúa la biotecnología como una respuesta científica ante recursos naturales más presionados y tecnologías tradicionales con margen decreciente.
“Estamos agotando los recursos de nuestro planeta y con las tecnologías e industrias tradicionales no podemos hacer frente a tales retos. Estamos ante una tormenta perfecta”.
Esa “tormenta perfecta” permite ordenar el planteamiento en tres frentes de investigación aplicada. El primero se relaciona con enfermedades emergentes, el segundo con minería y agroindustria sustentable, y el tercero con seguridad alimentaria ante el cambio climático.

Tres frentes donde la biotecnología entra en decisiones estratégicas
La propuesta de Calderón no se presenta como una agenda abstracta, sino como un mapa de trabajo para áreas donde la anticipación científica puede reducir riesgos. En salud, minería y alimentos, la biotecnología aparece como una herramienta para observar antes, intervenir mejor y disminuir impactos.
Enfermedades emergentes y enfoque One Health
El primer frente apunta a anticiparse a enfermedades emergentes desde un enfoque One Health. Esta mirada conecta salud humana, salud animal y ambiente, lo que permite entender los brotes infecciosos como fenómenos que no dependen de una sola variable.
Investigadores y tesistas trabajan en el desarrollo y mejora de herramientas moleculares para detectar patógenos antes de que generen brotes difíciles de controlar. El foco no está solo en reaccionar ante una emergencia, sino en fortalecer capacidades de prevención y vigilancia.
La línea también considera nuevas formas de prevenir y tratar infecciones en humanos y animales. Entre las herramientas mencionadas aparecen vesículas bacterianas y bacteriófagos, con investigaciones articuladas con el Centro de Resiliencia a Pandemias, CIMARQ UNAB e industrias asociadas.
Minería y agroindustria con menor carga ambiental
El segundo frente traslada la discusión hacia sectores productivos que enfrentan exigencias ambientales más estrictas. En minería y agroindustria, la biotecnología estudia el uso de microorganismos para recuperar valor desde residuos y reducir impactos de procesos tradicionales.
Al abordar la minería, Iván Calderón, director del Doctorado en Biotecnología UNAB, traslada el debate a decisiones de inversión, permisos y sostenibilidad operacional. Su punto es que la transición energética requiere minerales críticos, pero esa demanda queda expuesta si los métodos extractivos mantienen impactos ambientales difíciles de sostener.
“El mundo necesita minerales críticos para la electromovilidad y las energías verdes, pero la extracción tradicional genera un enorme impacto ambiental”.
En ese marco, la biolixiviación aparece como una ruta para disolver y separar metales desde desechos mineros mediante microorganismos. El mismo enfoque permite mirar residuos agroindustriales como insumos para bioproductos, con una lógica de recuperación de valor y menor presión ambiental.
Algunas de estas investigaciones se desarrollan desde el Centro de Biotecnología de Sistemas UNAB. Esa línea conversa con proyectos de recuperación de cobalto desde relaves, donde la biotecnología se cruza con minería, transición energética y gestión de pasivos ambientales.
Seguridad alimentaria ante el estrés climático
El tercer frente se concentra en seguridad alimentaria, un ámbito donde la investigación vegetal adquiere valor estratégico. La presión climática sobre la agricultura obliga a estudiar cómo las plantas responden a ambientes extremos y cómo ese conocimiento puede apoyar cultivos más resilientes.
En seguridad alimentaria, Iván Calderón conecta la biotecnología vegetal con variables que ya afectan productividad y abastecimiento. La presión por agua, suelo y temperatura convierte la resiliencia de los cultivos en un asunto productivo, ambiental y estratégico.
“La sequía prolongada, la salinidad de los suelos y las temperaturas extremas están amenazando la producción agrícola y afectando los ecosistemas en todo el planeta”.
Desde esa línea, las investigaciones se vinculan con plantas capaces de resistir condiciones adversas, restauración ambiental y agricultura sostenible. El problema no se limita al rendimiento agrícola, porque también involucra estabilidad de ecosistemas y capacidad de adaptación de los sistemas alimentarios.
El trabajo se articula con capacidades como el Centro de Biotecnología Vegetal, el Centro de Bioinformática y Biología Integrativa, CA2FST y el Núcleo Milenio PhytoLearning. Esa combinación permite abordar el problema desde biología vegetal, bioinformática, ciencia de datos e investigación aplicada al sistema agroalimentario.



