La entrevista laboral dejó de ser hace rato una conversación presencial en una oficina. Hoy es, en gran parte, una experiencia digital.

Lo que comenzó como una solución de emergencia en pandemia terminó instalándose como un nuevo estándar, especialmente en el mundo tecnológico, donde la velocidad para contratar talento especializado es clave.
La virtualización de los procesos amplió el acceso al talento como nunca antes. Las empresas ya no están limitadas por la geografía y pueden conectar con perfiles altamente demandados en menos tiempo, algo decisivo en un mercado donde la escasez de profesionales TI sigue marcando la pauta.

A esto se suma el uso de inteligencia artificial, que ayuda a ordenar postulaciones, identificar habilidades y hacer más consistentes las primeras etapas del proceso.
Sin embargo, es un error pensar que la tecnología puede reemplazar el juicio humano. La motivación, la capacidad de adaptación y la conexión con la cultura de una organización no se leen completamente en un algoritmo. La IA debe ser un apoyo, no quien tome la decisión final.

Para los candidatos, el cambio también es profundo: hoy importa tanto el conocimiento técnico como la capacidad de comunicarse bien a través de una pantalla, manejar entornos digitales y adaptarse a procesos más rápidos.
El futuro del reclutamiento no será solo digital, sino híbrido, combinando eficiencia tecnológica con criterio humano. Las empresas que entiendan ese equilibrio serán las que realmente logren atraer y retener al mejor talento.




