La inteligencia artificial se ha consolidado como una de las principales herramientas de transformación empresarial. Sin embargo, junto con los avances en automatización y eficiencia, también surge una pregunta cada vez más relevante: ¿las empresas están utilizando la tecnología para trabajar mejor o simplemente para exigir más?

Según el Estudio Adopción de IA y Entel Digital + CENIA (2025), más del 60% de empresas grandes y pequeñas de Chile han incorporado inteligencia artificial en sus operaciones. Aunque este avance representa una oportunidad para mejorar procesos y aumentar la productividad, también plantea desafíos relacionados con la cultura organizacional y la gestión de las personas.
Maite Moreno, directora del Máster en Recursos Humanos en EAE Business School, explica que:
"La automatización y la inteligencia artificial han cambiado la manera de pensar la productividad. Ya no implica hacer más en menos tiempo, sino preguntarnos qué valor se genera, con qué calidad y a qué costo humano".
La incorporación de estas herramientas ha permitido automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para actividades de mayor valor. Sin embargo, la especialista advierte que la eficiencia puede ser malinterpretada cuando el tiempo ganado se traduce únicamente en nuevas exigencias para los trabajadores.

Esta nueva lógica está alimentando una tensión laboral. Se corre el riesgo de que la eficiencia se entienda de manera simplista y esto puede convertirse en una trampa, según advierte la experta de EAE Business School, pues en la búsqueda de esa eficiencia se puede producir mayor presión para los trabajadores. Si se interpreta como hacer más en menos tiempo sin ajustar expectativas, lo que ocurre es una intensificación del trabajo.
A esto se suma la hiperconectividad, que ha difuminado los límites entre trabajo y descanso y ha reforzado la expectativa de disponibilidad permanente, generando nuevos desafíos para el bienestar laboral.
"Tiene que haber límites claros para que la eficiencia operativa no lleve al desgaste humano», explica Maite Moreno. «En la búsqueda de la optimización, se puede impactar directamente en la motivación y la creatividad de los trabajadores, y esto mina el desempeño a largo plazo".

En este escenario, las organizaciones enfrentan el desafío de integrar la inteligencia artificial dentro de modelos de trabajo sostenibles, definiendo qué hacer con la capacidad que se libera tras la automatización.
"Si ese tiempo se utiliza para mejorar la calidad del trabajo, innovar o incluso reducir la carga operativa, el impacto será muy positivo. Pero si simplemente se llena con más tareas, no hay una ganancia real".

Este debate también está impulsando una revisión de los indicadores tradicionales de productividad. Más allá del volumen de trabajo, las empresas están comenzando a incorporar métricas asociadas al cumplimiento de objetivos, la calidad de los resultados, la experiencia del cliente y el bienestar de los equipos.
"La productividad sostenible, donde la IA reduce las tareas de bajo valor y mejora procesos, implica pensar qué hacen las organizaciones con esa capacidad liberada», afirma. «O bien puede mejorarse la calidad del trabajo y, por ende, el bienestar del trabajador, o puede convertirse en una oportunidad para hacer más en menos tiempo. Es un debate más cultural que tecnológico.
Mientras algunas empresas aprovechan estas herramientas para impulsar modelos más flexibles y equilibrados, otras continúan asociando la eficiencia únicamente con una mayor exigencia. Para los especialistas, la forma en que las organizaciones respondan a este desafío será clave para definir el futuro del trabajo.





