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La Inteligecia Artificial no piensa por nosotros, por Alex Cabrera Espejo, CEO Prevsis
Por Alex Cabrera Espejo, CEO Prevsis.| Fotografía Créditos: Prevsis

La Inteligecia Artificial no piensa por nosotros, por Alex Cabrera Espejo, CEO Prevsis

En muchas empresas y entornos educativos ya se observa este patrón. La IA se convierte en redactor, analista, consultor y, en algunos casos, en decisor informal, que posteriormente pasa a ser formalizado al ser presentado como la verdad absoluta para la organización.

El costo de la inercia: Midiendo los impactos del cambio, por Andrea Cavallari, Directora Sr. de estrategias de mercado de servicios para Latam en Red Hat
Una lección cada vez más clara es que la IA no es un destino fijo. No se trata de ir del punto 1 al punto 2. A diario surgen nuevas herramientas, modelos y aplicaciones que amplían las posibilidades y dejan claro que este viaje apenas comienza.

No porque tenga criterio, sino porque ahorra tiempo y se ve “bien”. El costo oculto es que dejamos de formular buenas preguntas, de contrastar hipótesis y de asumir la responsabilidad intelectual de nuestras decisiones. Delegamos, sin darnos cuenta, algo que no es delegable: el juicio.

Pensar con IA no es pedirle a ésta que piense por nosotros. Es exactamente lo contrario. Es lograr usarla como un tutor incómodo que nos obliga a justificar nuestras ideas, a detectar inconsistencias y a enfrentar alternativas que no habríamos considerado solos. La IA puede generar opciones, pero no puede decirnos cuál es la correcta en un contexto real multidimensional, con consecuencias humanas, éticas y sociales.

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Mirando hacia el futuro, esta tecnología promete evolucionar hacia voz y datos satelitales, integrándose con 5G y eventualmente con 6G, permitiendo que Chile conecte no solo sus ciudades, sino también sus zonas extremas, que históricamente han quedado fuera del mapa digital.

Esa tarea, al menos por un tiempo más, sigue siendo exclusivamente nuestra. Aquí es donde muchas organizaciones se están equivocando de foco. El debate no es cuánta IA incorporar, ya que esta se incorporó con fuerza en nuestros los navegadores y en muchas labores empresariales, sino preguntarse, qué tipo de pensamiento queremos preservar y fortalecer, al evaluar los resultados.

Cuando premiamos la velocidad de respuesta por sobre el criterio, la facilidad de resultado por encima del proceso de análisis y evaluación, estamos entrenando sistemas eficientes y personas frágiles. Profesionales que producen rápido, pero entienden poco. Que ejecutan bien, pero no cuestionan nada.

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En la Era Inteligente, el desafío no es evitar las paradojas, sino aprender a gestionarlas. El futuro pertenecerá a quienes abracen la complejidad, actúen con valentía y colaboren más allá de las divisiones.

La paradoja es evidente. Cuanto más inteligente parece la tecnología, más inteligente debe volverse el ser humano que la usa. No menos. La IA no elimina la necesidad de pensamiento crítico, la vuelve indispensable. Sin esa capacidad, la IA no amplifica talento, lo reemplaza por automatismo.

Tal vez la pregunta clave de esta década no sea qué hará la inteligencia artificial con nosotros, sino qué estamos dispuestos a dejar de hacer nosotros cuando la usamos. Las organizaciones que sobrevivan no serán solo las que más automaticen, sino las que sepan mantener vivo algo cada vez más escaso. Nuestra capacidad de pensar con rigor en un mundo lleno de respuestas fáciles.

El dilema de Chile frente a la Inteligencia Artificial, por Roberto Larenas, Académico Facultad de Ingeniería U. Andrés Bello
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