OpenAI informó el 8 de octubre que suspendió cuentas utilizadas en dos operaciones de influencia encubierta originadas en Rusia e Irán, cuyos responsables recurrieron a ChatGPT para preparar contenidos y respaldar identidades ficticias que consiguieron exposición pública.
La investigación distinguió dos métodos de actuación. Una estructura operaba mediante un centro de estudios en América Latina, mientras que la otra enviaba artículos geopolíticos a medios digitales bajo firmas de supuestos periodistas.

Un centro de estudios utilizado como fachada en América Latina
La campaña rusa, denominada Dark Clark, habría controlado el Centro de Investigación Social (SRC) mediante la identidad ficticia Mia Clark. Según OpenAI, personal contratado en América Latina elaboraba investigaciones sin conocer el origen de quienes dirigían la organización.
Los operadores empleaban ChatGPT principalmente para redactar informes internos y, en menor medida, adaptar mensajes falsos a los usos lingüísticos e institucionales de distintos países. La compañía identificó más de 60 artículos en el sitio del SRC, mayoritariamente originales.
En Perú, los operadores afirmaron haber suplantado a una autoridad educativa para organizar actividades escolares sobre Ucrania, un episodio que posteriormente recibió cobertura en América Latina y Europa. En Ecuador y Bolivia, OpenAI identificó desmentidos y contenidos coincidentes con otras maniobras descritas por el grupo.
OpenAI situó a Dark Clark en la categoría 5 de una escala de alcance de 1 a 6, aunque advirtió que varias afirmaciones de los responsables no pudieron corroborarse. Fue la primera operación de ese nivel desarticulada por la compañía.

Siete identidades periodísticas para acceder a medios digitales
La campaña iraní, denominada Bogus Bylines, empleaba siete identidades falsas para proponer artículos a editores y conseguir su publicación. OpenAI identificó casi 100 textos publicados o replicados en más de una docena de medios digitales.
ChatGPT se utilizó para revisar borradores, ajustarlos a los requisitos editoriales de cada medio y preparar correos de presentación. Parte de esas identidades también mantenía perfiles en redes sociales para reforzar su apariencia de legitimidad.
La operación generó además lotes de comentarios sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán, aunque las respuestas identificadas tuvieron escasa interacción. En contraste, la publicación de artículos alcanzó la categoría 4 de la escala de alcance.
En ambos casos, los responsables sobrestimaron su eficacia en los informes internos, según la investigación. OpenAI observó que las campañas capaces de acceder a medios establecidos lograron mayor proyección que aquellas limitadas a cuentas y comentarios en redes sociales.



