La aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de Ley de Transferencia Tecnológica abre una oportunidad para acercar el conocimiento generado en universidades y centros de investigación a necesidades productivas concretas. Para SONDA, el desafío no está solo en el marco legal, sino en que esa capacidad llegue a las regiones y se transforme en soluciones aplicables.

El impacto dependerá de la implementación en los territorios
La nueva normativa busca reducir barreras para que el conocimiento científico y tecnológico derive en soluciones aplicadas, emprendimientos y colaboración con empresas. SONDA plantea que ese avance será limitado si no se articula con industrias regionales capaces de probar, adoptar e integrar tecnología en sus operaciones.
Javier Larenas, gerente general de SONDA Chile, situó el foco en evitar que la transferencia tecnológica quede concentrada en espacios académicos o urbanos. Para el ejecutivo, la conexión con problemas productivos regionales será clave para convertir conocimiento en impacto operativo.
“El país necesita que la transferencia tecnológica no quede concentrada en laboratorios o grandes centros urbanos. Si queremos que tenga impacto real, debe conectarse con los problemas productivos de las regiones y con empresas capaces de implementar soluciones a escala”.
Sectores como minería, logística, energía, agroindustria, salud y servicios públicos regionales aparecen como áreas donde la investigación aplicada puede vincularse con transformación digital. La empresa sostiene que esa relación debe partir desde necesidades concretas, avanzar mediante pilotos útiles y terminar en soluciones que puedan integrarse a procesos reales.

La brecha también está en la adopción tecnológica
SONDA advierte que el problema no siempre está en la generación de conocimiento. Una solución con potencial puede quedar fuera de las empresas si faltan capacidades digitales, interoperabilidad, gestión de datos o equipos preparados para adoptarla.
Larenas reforzó que la transferencia tecnológica solo adquiere valor cuando deja de ser una solución desarrollada en origen y pasa a modificar procesos dentro de una organización. Esa etapa exige capacidades técnicas, gestión y una relación más directa entre investigación, empresas y territorios.
“La transferencia tecnológica no termina cuando una universidad desarrolla una solución. Termina cuando esa solución mejora un proceso, reduce una brecha o crea una nueva capacidad en una organización. Ahí está el valor para las regiones”.

La compañía también plantea que las pymes regionales deben formar parte de esta agenda. Si el proceso se concentra solo en grandes empresas, su alcance territorial será menor y dejará fuera a proveedores especializados, emprendimientos y cadenas productivas locales.
Para SONDA, la ley puede ser un punto de partida para una agenda más amplia de innovación regional. Esa agenda tendría que conectar universidades, empresas, gobiernos regionales y actores tecnológicos en torno a productividad, eficiencia y calidad de servicio.
“Chile tiene conocimiento, talento y sectores productivos con desafíos claros. Lo que falta es acelerar la conexión entre esas capacidades. La transferencia tecnológica puede ser una herramienta muy potente si se transforma en una política de desarrollo regional”.


