La inteligencia artificial también necesita una caja negra, por Diego Macor, Country Manager de SEK Chile
ÑPor Diego Macor, Country Manager de SEK Chile. | Créditos: SEK Chile

La inteligencia artificial también necesita una caja negra, por Diego Macor, Country Manager de SEK Chile

La mañana del 23 de marzo de 2018, Walter Huang, un ingeniero de Apple de 38 años, viajaba rumbo a su trabajo en California cuando su Tesla Model X, que circulaba con el sistema Autopilot activado,  se estrelló contra una barrera de seguridad en una autopista. Huang murió pocas horas después producto del accidente.

La pyme que Chile todavía no discute, por Luz María García, gerenta general de ACTI
El Día de las Pymes no debería ser solo una fecha de reconocimiento. También debe servir para preguntarnos qué empresas queremos ayudar a nacer. Desde ACTI queremos liderar esa conversación, porque Chile no puede seguir postergando la pregunta productiva que definirá su próxima década.

Lo que ocurrió después fue tan relevante como el accidente mismo. La investigación concluyó que si bien el sistema de conducción asistida estaba activado, el conductor no estaba prestando atención a la carretera. La familia argumentó que el software había cometido errores que contribuyeron al accidente. Tesla sostuvo que el responsable era el propio Huang. Los investigadores concluyeron que tanto las limitaciones tecnológicas como la falta de supervisión humana influyeron en el desenlace fatal.

Que ese debate fuera siquiera posible no fue un detalle menor. Existían registros del vehículo, datos de los sensores y evidencia suficiente para reconstruir qué había ocurrido y discutir, sobre hechos verificables, quién debía responder.

IA empresarial en Chile: De una conversación tecnológica, a una conversación de negocio, por Ma. Victoria Puentes Cosmelli, Gerente General de SEIDOR Chile
La ventaja no estará en probar más herramientas, sino en convertir la inteligencia artificial en una capacidad real del negocio.

Esa misma pregunta comienza a aparecer hoy en el mundo de la inteligencia artificial.

Si un agente de IA —un software capaz de ejecutar tareas y tomar decisiones por sí mismo para cumplir un objetivo determinado, como analizar información, aprobar procesos o interactuar con otros sistemas— borra información crítica de una empresa, autoriza una transferencia equivocada o provoca un incidente operacional, ¿quién responde? ¿La empresa que desarrolló el modelo? ¿El que construyó el agente? ¿La organización que decidió implementarlo? ¿El usuario? ¿O nadie?

Hasta hace poco la respuesta parecía sencilla. La tecnología era una herramienta y las personas tomaban las decisiones. Si algo salía mal, siempre existía un responsable claramente identificable. Pero la nueva generación de agentes autónomos está cambiando esa lógica. Ya no hablamos de asistentes que simplemente responden preguntas, como los chatbots tradicionales, sino de sistemas capaces de ejecutar acciones, interactuar con múltiples aplicaciones y tomar decisiones operativas con una supervisión humana cada vez menor. Y cuando una tecnología deja de recomendar para empezar a actuar, la seguridad adquiere una dimensión completamente distinta.

IA en empresas chilenas: De la automatización a la ventaja competitiva, por Francisco Rojas, Managing Director Data & AI de Accenture Chile
La discusión real es qué tan preparadas están las organizaciones para escalar la IA con método, responsabilidad y foco en valor.

El debate generalmente se centra en quién será legalmente responsable cuando un agente autónomo provoque un daño. Pero antes de responder esa pregunta existe otra aún más básica: ¿seremos capaces de reconstruir exactamente qué ocurrió?

En la industria aeronáutica, cuando ocurre un accidente las investigaciones buscan determinar si existió un error humano, un problema de mantenimiento o una falla de diseño. Eso es posible porque los sistemas fueron diseñados para registrar cada evento crítico y reconstruir con precisión la secuencia de los hechos: la famosa “caja negra”.

Ciberataques: Señales para detectarlos proactivamente, por Hermann Obermoller, gerente de Servicios Gestionados de NOVARED
La detección temprana es clave para reducir riesgos, evitar pérdidas económicas y proteger la continuidad operacional de empresas e instituciones.

En el caso de Walter Huang también existía una especie de caja negra. Había registros que permitieron analizar qué hizo el vehículo, qué detectaron sus sensores y cómo reaccionó el sistema en los segundos previos al accidente.

Pero en el caso de la mayoría de las organizaciones que han comenzado a incorporar agentes de inteligencia artificial, todavía no cuentan con algo parecido. Y sin eso, atribuir responsabilidades es una tarea prácticamente imposible. Ese es, probablemente, uno de los mayores desafíos de seguridad que enfrentaremos en los próximos años.

¿Sigue importando quién presta el servicio financiero en la vida de las personas?, por Andrea Díaz, VP Corporativo de Banca & Seguros de SONDA
La tecnología hace posible ese salto, pero no lo da sola: requiere visión estratégica, inversión y la decisión de poner la experiencia del cliente en el centro. Open Finance es la oportunidad concreta para que toda la industria financiera dé ese paso. Y la oportunidad está disponible hoy.

No basta con que un agente de IA funcione correctamente. También debe quedar registro de cada decisión que tomó, con qué identidad actuó, qué permisos utilizó, qué información recibió, qué instrucciones ejecutó y por qué llegó a una determinada conclusión. Sin esa trazabilidad será muy difícil distinguir entre un error del sistema, una configuración deficiente, una mala decisión humana o un ciberataque.

Porque existe un elemento adicional que muchas veces pasa inadvertido: un agente de inteligencia artificial puede ser manipulado. Así como hoy un ciberdelincuente busca comprometer la cuenta de un usuario o de un administrador, mañana podrá intentar engañar o secuestrar un agente autónomo para que actúe en beneficio del atacante. En ese escenario, la discusión ya no será únicamente quién responde por un error, sino quién responde por haber permitido que ese agente fuera comprometido.

¿Por qué en Chile existe una paradoja de la privacidad? por José Antonio Lagos, socio principal de Cybertrust
La privacidad ya no es solo un tema tecnológico o legal, es un tema de comportamiento. Porque en un mundo donde los datos son uno de los activos más valiosos, protegerlos no es solo responsabilidad de las empresas.

En resumen, la seguridad de la inteligencia artificial ya no consiste solo en evitar ataques. Ahora implica asegurar identidad, trazabilidad, evidencia y capacidad de auditoría. Porque cuando ocurra el primer gran incidente protagonizado por un agente autónomo, el verdadero problema no será únicamente el daño causado: será descubrir si contamos con la información necesaria para entender qué ocurrió y determinar, con evidencia, quién debe responder por ello.

La regulación terminará llegando, como ocurrió con los automóviles, la aviación o Internet. Lo que no podemos permitirnos es esperar a que eso ocurra para empezar a construir agentes de IA seguros y auditables.

El mayor desafío de la IA no es técnico, sino que humano, por Rodrigo Acevedo, gerente general de Entersoft
El éxito de los proyectos de IA en las empresas no depende de disponer de más tecnología, sino que de ubicar a las personas en el centro de estas iniciativas de cambio y modernización.

Porque el día en que uno de ellos provoque un incidente, la diferencia entre encontrar un responsable o quedarse solo con las especulaciones dependerá de si fuimos capaces de diseñarlo con esa necesaria caja negra que deje el rastro de cada decisión que tomó.

Columnas al director

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Tabulado y su equipo editorial