Chile ha avanzado con fuerza en la adopción de la electromovilidad en los últimos años, especialmente en transporte público. Sin embargo, una nueva etapa comienza a tomar forma: el paso desde la importación de tecnología hacia el desarrollo de la producción interna,abriendo espacio a una industria local en torno a la reconversión eléctrica.

A diferencia de los modelos tradicionales, donde los vehículos eléctricos llegan completamente fabricados desde el extranjero, en Chile comienza a desarrollarse una industria local que no solo apunta a la reconversión de flotas, sino también a la fabricación de buses eléctricos.
Este enfoque permite combinar la producción de unidades 0 km con la transformación de vehículos existentes, integrando ingeniería y desarrollo tecnológico propio.

Ricardo Repenning, cofundador y gerente de Tecnologías de Reborn Electric Motors, expertos en fabricación y reconversión eléctrica de buses, explica que:
“Hoy la diferencia está en la capacidad de desarrollar soluciones adaptadas a cada operación. La integración del tren de potencia y el software de control permite ajustar el rendimiento según la geografía local, algo que no siempre es posible con soluciones estandarizadas importadas”.

Este enfoque no solo reduce los tiempos de implementación, ya que un bus puede ser reconvertido en pocas semanas, sino que también abre nuevas capacidades técnicas en el país. Entre ellas, el rediseño estructural de vehículos para incorporar baterías sin afectar su estabilidad, así como el desarrollo de sistemas de gestión térmica que permiten operar en condiciones extremas, desde el desierto de Atacama hasta zonas de baja temperatura.
A esto se suma el uso de telemetría avanzada, que permite monitorear en tiempo real el desempeño de los vehículos, anticipar fallas y optimizar su operación en función de las condiciones locales.

En este escenario, Chile aparece con ventajas relevantes para posicionarse como referente regional. La reciente Ley de Retrofit, pionera en Latinoamérica, establece un marco que podría acelerar el desarrollo de esta industria, en un contexto donde otros mercados aún no cuentan con regulaciones claras.
“Chile tiene condiciones únicas para liderar este proceso. La exigencia de industrias como la minería, que opera bajo altos estándares de seguridad y desempeño, permite validar tecnologías que luego pueden escalar a otros mercados”.
El desarrollo local también presenta beneficios concretos frente a la dependencia de soluciones importadas. Entre ellos, la disponibilidad inmediata de soporte técnico, la reducción de costos en comparación con la compra de vehículos nuevos y la posibilidad de adaptar cada solución a las necesidades específicas de una operación.

No obstante, el crecimiento de esta industria enfrenta desafíos relevantes. Más allá de la tecnología, uno de los principales factores para su consolidación es el desarrollo de normativas que permitan evaluar proyectos y facilitar la toma de decisiones de inversión.
“Hoy el desafío no es técnico, sino de implementación. Se requieren condiciones que permitan escalar estos proyectos con mayor certeza, junto con la formación de capital humano especializado en electromovilidad”.
Así, la reconversión eléctrica comienza a perfilarse no solo como una solución operativa, sino como una oportunidad estratégica para que Chile avance hacia una nueva etapa: la de convertirse en desarrollador de tecnología en electromovilidad, con potencial de impacto a nivel regional.






