Hace pocos días se conmemoró el Día de la Tierra, una fecha que suele invitar a reflexionar, pero que también deja una pregunta incómoda: ¿estamos avanzando realmente en reducir nuestro impacto ambiental o simplemente afinando el discurso?.

En un escenario donde la evidencia es cada vez más clara, el desafío ya no está en declarar compromisos, sino en demostrar que es posible operar de otra manera.
Ahí es donde el rol de las empresas se vuelve más concreto. No desde grandes promesas, sino desde decisiones operacionales: cómo se consume energía, cómo se gestionan los residuos, cómo se mueve una organización. En Chile, hay ejemplos que muestran que ese cambio es posible.

En el caso de Edenred, por ejemplo, la huella de carbono se redujo en un 49,2% en un año, a partir de medidas específicas como menor consumo eléctrico, mayor reciclaje y ajustes en la movilidad corporativa. Más allá del caso puntual, lo interesante es que estas cifras reflejan algo más amplio: que el impacto se puede medir y, sobre todo, gestionar.
A nivel global, las exigencias también han cambiado. Rankings como CDP o las evaluaciones ESG de S&P Global están dejando de ser una referencia reputacional para transformarse en un estándar de gestión. Hoy, las empresas que lideran estos indicadores, entre ellas Edenred, que ha sido reconocida con calificación “A” en CDP y se ubica dentro del 15% con mejor desempeño ESG según S&P Global, no solo reportan mejor, sino que integran la sostenibilidad en su gobernanza y en la toma de decisiones estratégicas. Es un cambio de fondo: pasar de iniciativas aisladas a modelos de negocio que incorporan estas variables desde el diseño.

Pero el verdadero desafío está en la escala. Porque el impacto no depende solo de lo que hace una empresa, sino de lo que logra movilizar en su entorno. Cuando cambiamos las prácticas, en los procesos, en los clientes o en los equipos. el efecto tiende a multiplicarse. Y ahí es donde la sostenibilidad deja de ser un esfuerzo individual y empieza a tener alcance real.
En un contexto donde las urgencias ambientales ya no admiten pausa, avanzar en esa dirección deja de ser opcional y pasa a ser parte de cómo las empresas se proyectan hacia el futuro.




