¿Quién tomará las decisiones en la fábrica del futuro?, por Francisco Jones, Director Ingeniería Industrial de la UNAB
Por Francisco Jones, Director Ingeniería Industrial de la UNAB. | Créditos: UNAB

¿Quién tomará las decisiones en la fábrica del futuro?, por Francisco Jones, Director Ingeniería Industrial de la UNAB

Durante años, la transformación digital de la manufactura estuvo asociada a automatizar procesos: sensores, robots, ERP, sistemas de planificación y algoritmos capaces de procesar grandes volúmenes de datos.

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El desperdicio de alimentos en el retail no es simplemente un problema vinculado a la logística. En realidad, es parte de una decisión que se toma o se deja de tomar varios pasos antes, cuando se define cuánto comprar, cuánto reponer y cuánto anticipar.

La IA agéntica introduce ahora un cambio más profundo: no solo analiza o recomienda, sino que puede actuar sobre un proceso y encadenar decisiones para alcanzar un objetivo.

La IA generativa puso inteligencia al alcance de las empresas; la IA agéntica pretende poner esa inteligencia a tomar decisiones. En producción, esto podría significar que un agente detecte el atraso de un proveedor, revise inventarios y capacidad, evalúe alternativas, proponga una nueva secuencia de fabricación e incluso ejecute cambios autorizados en los sistemas de gestión.

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Pero ese futuro no se construirá de manera automática. Requerirá líderes capaces de apostar por el talento, fomentar el aprendizaje continuo y diseñar organizaciones donde la tecnología amplifique el potencial humano.

La oportunidad es relevante. Un estudio reciente del MIT sobre IA agéntica en ingeniería y manufactura muestra que su mayor potencial no está únicamente en automatizar tareas repetitivas, sino en coordinar procesos complejos entre distintas herramientas. Al mismo tiempo, identifica como condiciones críticas la confiabilidad, la verificación y la trazabilidad de sus decisiones, manteniendo al ser humano como decisor final.

Este punto es de suma importancia en la gestión de operaciones. Procesar más información con respuestas más rápidas apoyadas desde una IA, no significa necesariamente tener razón. Los modelos pueden operar con datos incompletos, supuestos equivocados o información desactualizada e incluso incorrecta.

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La efectividad de las herramientas de IA debe medirse a partir de los resultados del negocio. Medir el tiempo en que los empleados las usan solo sirve para crear incentivos equivocados.

Una revisión publicada en Journal of Manufacturing Systems señala precisamente que la integración de grandes modelos de lenguaje en manufactura todavía presenta desafíos de validación, incertidumbre e integración en tiempo real, reforzando la necesidad de esquemas human-in-the-loop, es decir, modelos en que la IA apoya el análisis y la toma de decisiones, pero mantiene al ser humano en la validación y supervisión.

En una fábrica, además, el error deja de ser solo informacional. Una decisión incorrecta puede generar problemas de inventario, modificar una programación comprometiendo las entregas, afectar la calidad o incluso introducir riesgos de seguridad, entre muchas otras cosas.

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Pero hoy vale la pena sumar otra interrogante: ¿Cuánto de nuestro tráfico está llegando recomendado por una inteligencia artificial y lo estamos midiendo?

Por eso, el avance hacia sistemas productivos más autónomos debe ir acompañado de mecanismos claros de gobernanza, supervisión y responsabilidad, porque, frente a decisiones que pueden tener consecuencias económicas significativas, ya no basta con decir simplemente: “falló el sistema”.

El marco de gestión de riesgos de IA del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST), organismo técnico de referencia internacional en estándares y gestión de riesgos tecnológicos, también insiste en la necesidad de gestionar la confiabilidad y los riesgos durante todo el ciclo de vida de estos sistemas.

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El éxito de esta transformación no dependerá de cuánta IA incorporemos a cada producto, sino de nuestra capacidad como usuarios para utilizarla de manera útil, intuitiva y relevante.

La pregunta, entonces, no es si la IA podrá participar en las decisiones de producción. Probablemente lo hará y cada vez más. La verdadera discusión debe centrarse en cuánto y qué queremos delegar y bajo qué condiciones.

Por ende, la fábrica del futuro probablemente combinará personas, modelos de optimización, sistemas digitales y agentes de IA tomando decisiones de manera coordinada. Pero autonomía tecnológica no puede confundirse con responsabilidad. Podemos delegar análisis, tareas e incluso determinadas decisiones a la inteligencia artificial, sin embargo, la responsabilidad por sus consecuencias seguirá siendo nuestra.

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