De acuerdo a la FAO, alrededor de un tercio de la producción de los alimentos destinados al consumo humano se pierde o desperdicia en el mundo, lo que equivale a aproximadamente 1.300 millones de toneladas al año.

Es una cifra que debería inquietar a cualquier ejecutivo de retail, porque buena parte de esa pérdida no ocurre en el campo ni en la mesa de los consumidores, sino en la cadena que administran las propias compañías: bodegas, centros de distribución y salas de venta.
Este 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una fecha oportuna para revisar dónde se genera esa pérdida y, sobre todo, cómo la tecnología puede ayudar antes de que sea irreversible. En el retail que comercializa alimentos, la respuesta empieza a estar menos en la logística y más en los datos.

Un estudio realizado por el Centre for Economics and Business Research, indica que el desperdicio de alimentos equivale al 33% de los ingresos totales de la cadena de suministro de alimentos —desde poscosecha hasta punto de venta— y que los costos globales llegarán a US$540.000 millones en 2026. Ese mismo estudio encontró que el 61% de los líderes de retail y supply chain admite no tener visibilidad completa de dónde se genera el desperdicio en su operación.
Durante años, buena parte del debate sobre el desperdicio se concentró en qué hacer con el excedente: donarlo, reprocesarlo, destinarlo a otros usos. Son soluciones necesarias, pero atienden un problema que ya ocurrió. La oportunidad real para el retail está antes: en anticipar qué productos corren riesgo de convertirse en pérdida y actuar mientras todavía es posible venderlos, redistribuirlos o ajustar el pedido siguiente.

Cuando una cadena de supermercados repone más de lo que finalmente vende, o un centro de distribución sobreabastece una categoría completa, el margen de error se paga en merma. En productos frescos -donde la vida útil se mide en días, no en meses- ese margen es todavía más estrecho y no hay demasiado espacio para corregir un cálculo equivocado una vez que el producto ya está en la góndola.
La inteligencia artificial aplicada a inventario y cadena de suministro cambia esa ecuación. Al cruzar datos históricos de consumo, niveles de stock y variables estacionales, es posible anticipar qué productos están en riesgo de convertirse en pérdida y ajustar la compra o la reposición antes de que ese riesgo se materialice. En una operación con miles de SKU ("Stock Keeping Unit"), por sus siglas en inglés) y decisiones diarias, esa capacidad predictiva deja de ser un detalle operativo y se convierte en una ventaja competitiva medible: menos merma, menos costo y menos huella ambiental.

En SONDA existen soluciones como Visual Picking, una tecnología que se apoya en herramientas de IA y que utiliza video, datos y analítica en combinación con realidad aumentada para mejorar la eficiencia en centros de distribución y almacenes. Esta tecnología transforma la logística en el warehouse, asegurando mayores niveles de control y despacho de productos. De acuerdo a datos de Trax Retail, empresa global de tecnología logística, un retailer de alimentos frescos redujo el desperdicio en un 49% y una cadena regional de supermercados lo redujo en un 20%, ambos gracias a IA aplicada al pronóstico de demanda y el reabastecimiento.
Ninguna tecnología va a eliminar el desperdicio por completo ni a anticipar cada cambio en el comportamiento de compra. Pero con datos de buena calidad, la IA sí puede reducir el margen de error, automatizar tareas de inventario, generar modelos predictivos de consumo y establecer controles que impactan directamente en costos y tiempos de reacción, con resultados que se pueden medir en plazos acotados.

El desperdicio de alimentos en el retail no es simplemente un problema vinculado a la logística. En realidad, es parte de una decisión que se toma o se deja de tomar varios pasos antes, cuando se define cuánto comprar, cuánto reponer y cuánto anticipar.
Las compañías que comercializan alimentos tienen hoy la información y la tecnología para tomar esa decisión con más precisión. Ahí está el verdadero aporte de la inteligencia artificial: desplaza la conversación desde la contención del daño hacia la prevención, y cambia la forma de enfrentar el desperdicio de alimentos, que deja de ser un costo inevitable del negocio para convertirse en una decisión de gestión.






