Claudio Magliona, en su columna, resalta que la protección de datos es clave para la economía digital y pide coordinación regulatoria e incentivos para impulsar innovación y crecimiento.
Chile se encuentra en la cuenta regresiva para el cambio de paradigma más profundo en su historia digital. Con la entrada en vigencia de la Ley N° 21.719 programada para fines del 2026, las empresas chilenas ya no operarán bajo la permisiva lógica de la antigua Ley 19.628.
OpenClaw automatiza la gestión local pero centralizar accesos sin aislamiento crea un riesgo sistémico. Vulnerable a manipulación y malware, su uso exige higiene digital estricta y monitoreo para evitar exfiltraciones críticas.
La protección de la información personal se consolida como un factor clave de resiliencia operativa, confianza y competitividad para las organizaciones.
El Día de la Protección de Datos 2026 nos recuerda que en poco tiempo tecnología y regulación por fin lograrán sinergia en un propósito tan importante como es el resguardo de nuestra información más valiosa.
Las principales amenazas que explotan incluyen phishing, malware, ransomware y ataques a la cadena de suministro, que pueden infiltrar sistemas a través de terceros.
El 95% de las vulneraciones de datos se origina en errores humanos y un 70% de los ciberataques en Chile se dirigen a pymes, con pérdidas superiores a los US$120 millones anuales.
Lo importante, destaca la vocera, es que sin ciberseguridad efectiva, los servicios esenciales seguirán expuestos a paralizaciones, extorsiones o manipulación.