Cuando comencé mi carrera en tecnología, era habitual entrar a una reunión y ser la única mujer de la mesa. En ese momento no siempre era consciente de ello, pero con los años entendí que esa imagen reflejaba una realidad más profunda: la tecnología avanzaba a pasos agigantados, mientras la diversidad dentro de quienes la construíamos avanzaba mucho más lento.

Hoy la situación ha cambiado. Cada vez más mujeres participan en áreas técnicas, lideran proyectos estratégicos y ocupan posiciones de responsabilidad. Sin embargo, todavía somos minoría en muchos espacios donde se toman decisiones que impactan directamente a industrias tan críticas como la minería, y esto importa más de lo que parece.
La minería moderna depende cada vez más de la tecnología. La continuidad operacional, la seguridad de los procesos, la protección de la infraestructura crítica y la capacidad de reaccionar frente a incidentes están estrechamente ligadas a sistemas digitales que deben funcionar sin margen para errores. En ese contexto, la calidad de las decisiones se vuelve tan importante como la tecnología misma.

Durante años existió la percepción de que los proyectos más complejos o las situaciones más críticas debían estar liderados por hombres, no porque existieran diferencias en capacidades técnicas, sino porque los sesgos culturales terminaron condicionando quiénes tenían acceso a ciertas oportunidades. Aunque hemos avanzado, todavía quedan rastros de esa lógica en muchas organizaciones.
Sin embargo, la discusión ya no debería centrarse únicamente en cuántas mujeres participan en la industria. La pregunta que deberíamos hacernos es qué oportunidades estamos perdiendo cuando las decisiones se construyen desde miradas demasiado similares.

A lo largo de mi experiencia, he comprobado que los equipos más sólidos no son necesariamente los que reúnen a personas que piensan igual, sino aquellos capaces de integrar perspectivas distintas para resolver un mismo desafío. La diversidad no garantiza mejores resultados por sí sola, pero sí amplía la capacidad de análisis, fortalece la innovación y permite anticipar riesgos desde ángulos que muchas veces pasarían inadvertidos.
Esto es particularmente relevante en sectores complejos como la minería, donde los desafíos son cada vez más sofisticados. La digitalización de las operaciones, el crecimiento de las amenazas de ciberseguridad y la necesidad de mantener procesos críticos funcionando de manera continua exigen una visión amplia y multidisciplinaria. En estos escenarios, la colaboración, la adaptabilidad y la capacidad de construir soluciones integrales son tan importantes como el conocimiento técnico.

Por eso creo que hablar de liderazgo femenino en tecnología no es hablar únicamente de representación. Es hablar de cómo fortalecemos la capacidad de las organizaciones para enfrentar un entorno cada vez más desafiante.
La visibilidad también juega un papel fundamental
Cuando una mujer lidera una estrategia tecnológica, dirige una respuesta ante incidentes o participa en decisiones críticas para una operación, no solo está aportando valor a su organización. También está ampliando las posibilidades para quienes vienen detrás. Los referentes importan porque ayudan a que otras personas puedan imaginarse ocupando esos mismos espacios.

Hemos visto cómo esta visión puede traducirse en resultados concretos. Hoy el 52% de nuestros cargos de liderazgo en IFX están ocupados por mujeres. No fue producto de una cuota ni de una acción puntual. Fue consecuencia de construir un entorno donde el talento, la preparación y las capacidades tienen más peso que cualquier otro factor. Y cuando eso ocurre, los beneficios son evidentes: equipos más diversos, mejores conversaciones y decisiones más robustas.
Aun así, queda trabajo por hacer. La industria tecnológica necesita seguir impulsando cambios estructurales que permitan que más mujeres accedan a formación especializada, desarrollen carreras técnicas y lleguen a posiciones de liderazgo. No basta con celebrar los avances; hay que generar las condiciones para que sean sostenibles en el tiempo.

La minería ha demostrado históricamente una enorme capacidad para innovar y adaptarse. Hoy tiene una nueva oportunidad para hacerlo entendiendo que la diversidad no es una conversación paralela al negocio, sino una herramienta que puede fortalecer su competitividad, su resiliencia y su capacidad de enfrentar los desafíos que vienen. Porque si queremos construir la minería del futuro, necesitamos también ampliar las miradas desde las cuales ese futuro se está diseñando.





