¿La minería seguirá siendo el sostén de la economía chilena, pero qué se espera de aquí al 2040?
Existe una pregunta orientadora para la discusión estratégica del país dado el boom de precios históricos del cobre oro plata y litio: ¿Cómo generar mayores divisas al 2040 entre 2026 y 2035?

Sabia Ud. que la minería chilena puede generar cerca de un billón de dólares en exportaciones, bajo supuestos realistas aprovechando el boom de precios de los metales. La proyección que he construido sobre los informes de Cochilco, las estadísticas del USGS y los pronósticos de largo plazo de Goldman Sachs arroja un monto de US$946.000 millones acumulados en diez años, con un rango de US$804.000 a US$1.087.000 millones según el escenario de precios. Ninguna otra industria chilena, ni la suma de varias, exhibe un potencial semejante. Y ninguna enfrenta competidores tan decididos a arrebatárselo. Pero un freno que tiene la minería es la voluntad política para hacer todo ágil por el bien de todos los chilenos.
Partamos por los datos duros. En 2025 las exportaciones mineras alcanzaron US$63.254 millones, el 59% de los envíos totales del país; la minería representó el 13,1% del PIB y el aporte fiscal del cobre llegó a US$7.405 millones, el 10% de los ingresos del Estado. Se produjo 5,3 millones de cobre fino, pero la pregunta que el país debe hacerse es: ¿cómo producir más cobre fino y generar mayores divisas para el país y mantener el primer lugar mundial según el USGS? .

Pero la foto se mueve rápido: la República Democrática del Congo ya produce 3,3 millones de toneladas, impulsada por Kamoa-Kakula con capital chino; Perú consolidó 2,77 millones con una inversión minera de US$4.800 millones anuales; y en litio, Argentina saltó de 116.000 toneladas de carbonato equivalente en 2025 a 172.000 proyectadas para 2026, un alza de 48% en un solo año, con 62 proyectos en distintas fases. El liderazgo no se hereda: se defiende cada día, con políticas públicas y con estrategias realistas. Hay que sacar el freno de mano al Litio.
Afortunadamente el mercado, juega a favor. Cochilco elevó su proyección del precio del cobre a US$5,55 la libra para 2026, la más alta en la historia de sus informes, y estima US$5,10 para 2027. Goldman Sachs proyecta US$12.250 por tonelada al 2030 y US$15.000 al 2035, sustentado en un déficit estructural de oferta que BloombergNEF cuantifica entre 6 a 8 millones de toneladas anuales hacia 2035. Las redes eléctricas explicarán cerca del 60% del crecimiento de la demanda de cobre de esta década, seguidas por los centros de datos de inteligencia artificial y la electromovilidad.
"La pregunta no es si habrá mercado: es si Chile será capaz de llegar con producción, costos y valor agregado suficientes".

Vamos entonces a la pregunta de fondo: ¿De dónde saldrían los 2 a 3 millones de toneladas adicionales de cobre fino que Chile necesita para llegar a un rango de 7,5 a 8 millones al 2040? Quizás algunos dirán imposible, otros me encontrarán optimista, o poco realistas, pero la invitación es pensar en grande, Chile se lo merece, las cifras no salen de la imaginación, sino de proyectos con nombre, inversión y fecha.
El primer 1,1 millón ya está respaldado por la cartera de Cochilco 2025-2034, de US$104.549 millones, la mayor en once años, que sustenta su proyección oficial de 6,43 millones de toneladas al 2034. Los ejemplos son concretos: la segunda concentradora de Centinela, aprobada por Antofagasta Minerals con US$4.400 millones, aportaría 144.000 toneladas anuales desde 2027; la expansión de El Abra, de Freeport y Codelco, con US$7.500 millones y estudio de impacto ambiental que ingresa en 2026, más que triplicará su producción desde 98.000 hasta unas 340.000 toneladas hacia 2033; Collahuasi elevará su procesamiento de 170.000 a 210.000 toneladas diarias antes de abordar su segunda concentradora; y a ello se agregan las nuevas concentradoras de Escondida y los proyectos estructurales de Codelco.

El segundo millón vendrá de la lixiviación de sulfuros primarios: la tecnología Cuprochlor-T, patentada en 26 países, ya opera una pila industrial de 40.000 toneladas en Centinela con recuperaciones superiores al 70%, y la capacidad SX-EW que quedará ociosa cuando la producción de cátodos caiga a 681.000 toneladas al 2034, por agotamiento de los recursos de óxidos, es precisamente la infraestructura disponible para procesar esos sulfuros de baja ley y botaderos que hoy no pagan inversión en planta que juegan a favor.
El tercer millón está repartido: reprocesamiento de relaves (Sernageomin catastra más de 700 depósitos en el país), la recuperación de productividad (ganar 5 a 10 puntos de disponibilidad de equipos equivale a una mina mediana sin mover una tonelada extra de roca) y los nuevos distritos que la exploración asistida por inteligencia artificial y exploración satelital permita certificar. Las condiciones habilitantes son dos y no admiten atajos: plazos de permisos reducidos a la mitad y gasto de exploración al doble. Sin exploración geológica estamos condenados a salir del mercado y estamos atrasados al menos 10 años.

En litio la historia es de velocidad y voluntad política. Chile producirá este año en torno a 300.000 toneladas de carbonato equivalente, récord histórico, gracias a la sociedad Codelco-SQM en el Salar de Atacama y a Albemarle. Con las mayores reservas del mundo (9,3 millones de toneladas, el 31% del total según el USGS), la meta razonable es 600.000 toneladas al 2035, sumando los salares Altoandinos, donde ENAMI y Rio Tinto comprometieron US$3.200 millones, y Maricunga, con extracción directa para multiplicar rendimiento sin multiplicar huella hídrica. Argentina nos superará en número de proyectos; no dejemos que nos supere en toneladas ni en costos.
Vuelvo a los números, porque ahí está el tamaño de la apuesta. Si el cobre sigue la trayectoria descrita y la producción sube de 5,3 a 6,5 millones de toneladas, el cobre generará del orden de US$764.000 millones en la década. El litio, creciendo de 300.000 a 600.000 toneladas con precios recuperándose de US$11.500 a US$20.000 por tonelada, agrega US$80.000 millones.

Con oro, molibdeno, plata y hierro, la total ronda los US$946.000 millones, y solo el año 2035 podría superar los US$109.000 millones, casi el doble de lo exportado en 2025. Manteniendo la relación fiscal observada, el Estado recibiría entre US$70.000 y US$100.000 millones en la década. Cada permiso dormido en un escritorio se mide, literalmente, en miles de millones de dólares que no llegan a las regiones; ¿entonces es un problema de prioridades o solo ignorancia?
Nada de esto es gratis ni automático. Exige un pacto minero del Estado al año 2040 con metas medibles y auditadas: 7,5 millones de toneladas de cobre, 600.000 de litio, 30% de las reservas mundiales certificadas, US$6.000 millones en exportaciones de proveedores, permisos en la mitad del tiempo y una minería carbono neutral. Los países no se hacen ricos por lo que tienen bajo el suelo, sino por lo que deciden hacer con ello. Tenemos diez años y casi un billón de dólares sobre la mesa.

La próxima década minera se juega ahora: en las leyes que se tramitan este año, en los permisos que se otorgan este semestre y en los técnicos que empiezan a formarse este marzo. Que no se diga que la vimos pasar.






