Chile está construyendo una nueva infraestructura estratégica. No se ve desde la calle como una carretera o un puerto, pero cumple una función similar: los data centers almacenan y procesan la información que sustenta bancos, hospitales, comercios, servicios públicos y sistemas de inteligencia artificial.
La expansión del sector lo confirma: el país cuenta con 37 centros operativos y 15 proyectos en desarrollo.

Pero levantar edificios llenos de servidores no basta. Un data center sin personas preparadas es como un aeropuerto sin controladores de tránsito: puede tener tecnología de punta, pero no despega. La conversación debe pasar desde cuántos centros construiremos hacia quiénes serán capaces de diseñarlos, operarlos, protegerlos y convertir su capacidad de cómputo en soluciones útiles.
La demanda no se limitará a los ingenieros informáticos. Se necesitarán técnicos eléctricos y especialistas en climatización, ciberseguridad, automatización, eficiencia energética, servicios en la nube e infraestructura crítica. También crecerá la necesidad de científicos de datos y profesionales de inteligencia artificial capaces de transformar grandes volúmenes de información en diagnósticos, predicciones y mejores decisiones.

Aquí surge una oportunidad para Chile. Durante años hemos discutido si la inteligencia artificial reemplazará empleos. La pregunta más útil es otra: ¿estamos formando a las personas que crearán, supervisarán y mejorarán estas tecnologías? La IA no funciona por arte de magia. Detrás de cada algoritmo hay datos que deben ordenarse, modelos que deben evaluarse y decisiones que deben explicarse. También se requieren profesionales que comprendan los sesgos, los riesgos éticos y el impacto social de cada solución.
La formación no puede reducirse a aprender un programa o memorizar código. Debe combinar estadística, computación, conocimiento del negocio, comunicación y responsabilidad. Un buen especialista no es quien produce el modelo más complejo, sino quien logra que ese modelo resuelva un problema real y pueda ser entendido por quienes toman decisiones.
Los desafíos del sector
Por eso, el desafío no consiste solo en aumentar la matrícula en carreras tecnológicas. También debemos actualizar a quienes ya están trabajando, abrir oportunidades para técnicos y profesionales de distintas disciplinas, y acercar estas capacidades a regiones y sectores con menor acceso.
La reconversión laboral será tan importante como la formación inicial. Además, las empresas deberán colaborar con universidades, centros de formación y el Estado para definir competencias, ofrecer experiencias prácticas y anticipar los perfiles necesarios.

La expansión de los data centers es una buena noticia, pero la infraestructura física es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es humana. Chile puede convertirse en un polo digital relevante si, al mismo tiempo, construye servidores y capacidades, centros de datos y centros de formación, potencia computacional y criterio profesional. Las máquinas procesarán los datos; las personas deberán decidir para qué y para quién hacerlo.


