Medir un programa educativo por la cantidad de participantes muestra su alcance, pero dice poco sobre lo que queda en las comunidades una vez que el proceso termina. Esa diferencia entre las cifras y las capacidades instaladas en estudiantes y docentes es el eje de la segunda parte de la conversación que sostuvimos, en el contexto del Summit País Digital 2026, con Paulina Rodríguez, gerenta de Ciudadanía Corporativa de Samsung, y Catalina Araya, directora de Educación de Fundación País Digital.
La primera entrega abordó la evolución de Samsung Solve for Tomorrow, su conexión con los territorios y las habilidades que los estudiantes desarrollan mediante las STEM.

En esta segunda parte, ambas voceras también profundizan en el papel de las alianzas y en el protagonismo que adquieren los jóvenes cuando utilizan la tecnología para diseñar sus propias soluciones.
El impacto combina alcance nacional y cambios dentro de las comunidades
Al hablar de impacto, ambas vocerías proponen mirar tanto el alcance como los cambios que ocurren dentro de las comunidades educativas. Las cifras ayudan a dimensionar el programa, mientras las capacidades instaladas, la continuidad de los establecimientos y la autonomía de los estudiantes permiten observar lo que permanece con el tiempo.
Rodríguez abre esta parte desde la dimensión cuantitativa, con las cifras acumuladas durante más de una década y la intención de incorporar nuevos liceos públicos.
“El impacto que ha tenido Solve for Tomorrow Chile ha sido tremendo. Hasta la fecha han participado más de 14.000 estudiantes en el país, superando los 2.000 establecimientos educacionales y movilizando a más de 1.800 profesores en torno a más de 3.700 proyectos recibidos. Este programa cada día va creciendo y la idea es poder ir año a año llegando a nuevos liceos públicos del país”.

Araya suma una lectura cualitativa organizada en tres niveles: estudiantes, docentes y comunidades educativas.
“Creo que podemos visualizar el impacto de Solve for Tomorrow en tres niveles: en estudiantes, a través del fortalecimiento de habilidad y, sobre todo el reconocimiento, logrando que cientos de jóvenes se reconozcan a sí mismos como protagonistas y agentes de cambio. En docentes, el programa ha aportado nuevas herramientas y metodologías para trabajar de manera interdisciplinaria y conectar los aprendizajes con desafíos reales”.
En las comunidades educativas, Araya sitúa el cambio en la forma de entender la innovación y en las relaciones que surgen cuando los proyectos abordan problemas del entorno.
“Y en las comunidades educativas, ha permitido instalar una cultura donde la innovación no se entiende sólo como tecnología, sino como la capacidad de observar el entorno, hacerse preguntas y buscar soluciones con propósito. Ese impacto trasciende las escuelas. Cuando un proyecto aborda un problema de la comunidad, los estudiantes comienzan a conversar con otros actores y a generar nuevas conexiones”.
Desde ese ángulo, el legado incluye no solo los proyectos desarrollados, sino también las herramientas y la confianza que permanecen en jóvenes y docentes.
“Por eso, después de estos años, creemos que el principal legado de Solve for Tomorrow es la gran cantidad de jóvenes y docentes que han adquirido herramientas y confianza para mirar su entorno de otra manera y participar activamente en su transformación”.
El éxito no se limita a las cifras de participación
Esa combinación entre alcance y transformación también orienta la forma de entender el éxito. Junto con la participación, la medición puede considerar cambios en las prácticas, la confianza y la capacidad de intervenir en el entorno. Catalina Araya propone una lectura que combina participación y diversidad territorial con cambios observables después del proceso.
"Solve for Tomorrow no puede medirse con un solo indicador. [...] Para nosotros, el indicador más relevante es que un estudiante pase de identificar un problema a sentirse capaz de proponer una solución; que un docente incorpore nuevas metodologías; o que una comunidad educativa empiece a mirar su entorno como un espacio donde también puede innovar [...]. Más que contar cuántos proyectos hacemos, nos interesa preguntarnos qué capacidades estamos dejando instaladas [...]”.
La ejecutiva de Samsung traslada esa transformación al recorrido de los estudiantes: liderazgo dentro del establecimiento, participación en otros espacios y nuevas oportunidades para presentar sus proyectos.
“Para mí, el indicador de éxito más importante tiene que ver con la huella profunda que deja en muchos liceos, en profesores y en estudiantes. Vemos a jóvenes que de verdad viven una experiencia significativa y transformadora. En varios casos, esto se convierte en oportunidades concretas: estudiantes que se han convertido en protagonistas y líderes referentes en sus colegios, que han terminado dictando talleres de Solve for Tomorrow en otras regiones, exponiendo en medios de comunicación, en eventos importantes de la industria tecnológica, o incluso viajando a instancias internacionales en países como Brasil o Colombia, para representar a Chile”.
En su relato, el efecto también alcanza a los establecimientos que incorporan la innovación como una práctica sostenida.
“[…] También vemos el impacto institucional: colegios que terminan ganando un sello innovador y organizaciones que realmente se motivan y siguen participando de este programa año a año, con profesores que quieren vivir nuevamente esta experiencia y poder empoderar y visibilizar el talento de sus estudiantes”.
Más adelante, la ejecutiva vuelve sobre el cambio que observa entre el inicio del proyecto y el momento en que los equipos defienden públicamente sus soluciones.
“Por lo tanto, para mí el principal indicador de impacto es lo que genera en las personas: ver los cambios en los estudiantes cuando comienzan con sus proyectos y luego verlos frente a un escenario de cientos de personas exponiendo empoderados y luego los vemos empoderados, como unos verdaderos agentes de cambio [...]”.
Los resultados de 2025 ayudan a ilustrar ese recorrido. Fixaterra obtuvo el primer lugar con una solución biológica para restaurar suelos y reducir su vulnerabilidad climática, mientras Jaate, ganador de la votación popular, propuso un dispositivo accesible para monitorear y mejorar la calidad de los suelos agrícolas.

Samsung y Fundación País Digital combinan capacidades
La continuidad del programa se apoya tanto en los recursos y la tecnología como en el diseño educativo, el conocimiento territorial y la coordinación entre las organizaciones que sostienen el trabajo. La Directora de Educación explica la alianza desde esa complementariedad y desde la posibilidad de ampliar experiencias nacidas en comunidades específicas.
“Colaboraciones como estas permiten combinar capacidades […] y generar aprendizajes que pueden beneficiar a más comunidades. El objetivo […] es que la innovación educativa no dependa de dónde esté ubicada una escuela o de los recursos que tenga, sino que existan oportunidades para que estudiantes y docentes de todo Chile puedan desarrollar soluciones a los desafíos que los rodean”.
Desde Samsung recogen la idea de sumar capacidades y pone el énfasis en ampliar la cobertura hacia los establecimientos que requieren más apoyo.
“Alianzas como ésta son súper importantes, ya que permiten sumar esfuerzos entre ambas organizaciones para tener un impacto mayor. Nuestra idea es llegar donde más se necesita, y que cada día este programa global siga beneficiando a miles estudiantes y profesores de distintos liceos públicos de Chile”.

La colaboración abre oportunidades más allá de cada organización
Con esa base, la alianza también puede abrir espacio a otros actores. Empresas, organizaciones sociales e instituciones públicas aportan recursos, conocimiento y redes diferentes para extender las oportunidades de formación, así lo describe ejecutiva de Samsung:
“Samsung es una empresa líder en innovación y tecnología. Nuestra misión es poder acercar las nuevas tecnologías donde más se necesita, haciéndolo de la mano de otras organizaciones que nos ayudan a llegar a más lugares. Desde Samsung queremos avanzar con todos —distintas empresas, organizaciones y el mundo público—; aquí todos son bienvenidos a sumarse a esta iniciativa para acercar las STEM a los jóvenes y ayudarlos a explotar su máximo potencial”.
La ejecutiva extendió esa invitación al trabajo que Samsung desarrolla desde sus programas globales, con el foco en sumar organizaciones y ampliar las oportunidades para los jóvenes.
“Desde nuestros programas globales siempre estaremos dispuestos a trabajar en conjunto con distintas organizaciones para poder beneficiar cada día a más personas. Aquí todos debemos intentar aportar de alguna u otra manera para generar más oportunidades en los jóvenes”.

Araya retoma el llamado desde una preocupación por el acceso: que la posibilidad de innovar no dependa del lugar donde vive cada estudiante.
“Sin duda, las alianzas deben apuntar a generar más oportunidades de innovación y aprendizaje para jóvenes y docentes del país, que un joven, independiente de dónde viva, pueda descubrir su capacidad para innovar, desarrollar nuevas habilidades y aportar a los desafíos de su comunidad”.
Los estudiantes pasan de usar tecnología a diseñar soluciones
El paso desde el uso de tecnología hacia el diseño de soluciones también modifica la relación de los estudiantes con sus comunidades. La herramienta adquiere un propósito concreto y puede transformarse en una vía de aprendizaje, autonomía y participación. Rodríguez parte por la confianza que puede aparecer cuando una inquietud se convierte en prototipo y encuentra una proyección fuera del aula.
“Cuando pasan a ser creadores y diseñan soluciones para resolver problemas de su entorno, los jóvenes toman un papel mucho más protagónico: se empoderan y se dan cuenta de que pueden hacer eso y mucho más. Muchas veces no tienen tanta confianza en ellos mismos, pero a medida que avanzan en el programa y desarrollan más habilidades, se convencen de que sí se puede. Además son concientes de que la tecnología puede ser una tremenda herramienta para crear, para innovar y para hacer grandes cambios”.
Según explica, la creación del prototipo puede despertar la intención de mejorarlo, presentarlo y buscar una aplicación fuera del programa.
“Eso les enciende una chispa de curiosidad y ambición positiva; quieren mejorar sus prototipos, presentárselas a las autoridades y llevarlas al mundo real. Los jóvenes además se dan cuenta de que hoy la tecnología les ofrece miles de oportunidades y están sacando mucho más provecho de ella”.

Araya aborda el mismo cambio desde la posición que los jóvenes asumen frente al problema: dejan de recibir soluciones terminadas y comienzan a decidir qué quieren resolver y para quién.
“Cuando esto sucede, los jóvenes pasan de consumir soluciones a convertirse en los diseñadores de soluciones, en los protagonistas. En ese proceso descubren que no necesitan esperar a que alguien más resuelva los problemas de su entorno, sino que ellos también tienen la capacidad de hacerlo y de ponerse al servicio de las personas y sus comunidades”.
Desde su perspectiva, ese protagonismo también invita a definir el propósito de cada herramienta antes de utilizarla.
“La tecnología adquiere entonces un propósito. Ya no se trata solamente de aprender a utilizar una herramienta, sino de preguntarse qué problema queremos resolver, para quién, y cómo podemos desarrollar una solución que realmente genere impacto. Ese proceso fortalece la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración y, sobre todo, la confianza en sus propias capacidades”.
Las soluciones locales pueden inspirar a otros territorios
Una solución nacida en un territorio puede ampliar su alcance cuando existen redes capaces de compartir el aprendizaje y adaptar la respuesta a otras realidades.
Catalina Araya señala que esa proyección requiere vínculos que permitan hacer circular el conocimiento entre territorios.
“Nos demuestra que las nuevas generaciones tienen un rol mucho más activo y comprometido con los problemas actuales.El desafío está en conectar esa innovación local con redes que permitan compartir conocimientos. Así, una solución que comienza en una comunidad puede convertirse en inspiración para otras, demostrando que la innovación puede nacer desde los territorios y contribuir a construir un desarrollo más sostenible para todo Chile”.

Rodríguez cierra el recorrido destacando el potencial de una generación que identifica problemas sociales y dispone de herramientas para convertir sus propuestas en soluciones.
“Estamos seguros de que las nuevas generaciones pueden tener un rol clave en la construcción de un desarrollo más innovador y sostenible de la sociedad. Ellos tienen todo el potencial y hoy, además, cuentan con todas las herramientas para hacerlo. Pueden soñar en grande, cuestionar, crear y llevar a la realidad grandes proyectos a través de las nuevas tecnologías. Además, tienen una visión súper clara y real sobre los problemas de la sociedad. ¡Estamos seguros de su potencial y de que pueden desempeñar un rol central!”.






