Francisca Florenzano de Entel: “Chile necesita que todas las personas mayores sean ciudadanos digitales”
Francisca Florenzano, gerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Entel. | Créditos: Tabulado.

Francisca Florenzano de Entel: “Chile necesita que todas las personas mayores sean ciudadanos digitales”

En Chile la inclusión digital de las personas mayores dejó de ser un desafío limitado al uso básico de un teléfono o una aplicación. Hoy cruza dimensiones sociales, económicas y productivas, desde la autonomía cotidiana hasta la empleabilidad, la alfabetización financiera, la prevención de estafas y la incorporación de inteligencia artificial en espacios de formación.

En ese contexto, Entel dio continuidad al Fondo 55+, iniciativa que en su versión 2026 eleva su financiamiento a $360 millones y amplía su alcance hacia nuevos proyectos, territorios y líneas de trabajo. El programa busca abordar la brecha digital de personas mayores desde una mirada más amplia, donde la tecnología no aparece solo como herramienta, sino como condición de participación social.

Para profundizar en esta estrategia, Francisca Florenzano, gerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Entel, aborda los aprendizajes de la primera etapa, la necesidad de medir impacto, el rol de la confianza digital y los desafíos que se abren frente al avance de herramientas como la inteligencia artificial, los servicios automatizados y las plataformas financieras en línea.

Del primer Fondo 55+ a una nueva etapa de mayor alcance

La primera versión del Fondo 55+ permitió a Entel validar un modelo de trabajo enfocado en inclusión digital de personas mayores. Su continuidad no solo responde a los resultados obtenidos, sino también a una lectura más amplia del problema: la brecha digital no puede ser abordada por un solo actor ni desde una única dimensión.

“La primera versión del Fondo 55+ nos dejó tres grandes aprendizajes. Primero, confirmamos que el desafío de la inclusión digital de personas mayores en Chile no puede ser asumido de manera aislada y requiere de un esfuerzo conjunto que convoque a diferentes actores. Por eso, la nueva alianza con Banco Falabella nos tiene muy entusiasmados a continuar con la validación de este modelo colaborativo”.
Francisca Florenzano, gerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Entel. | Créditos: Tabulado

Ese aprendizaje abrió espacio para reforzar el carácter colaborativo del programa. La participación de distintas organizaciones también mostró que existe un ecosistema interesado en desarrollar soluciones orientadas a personas mayores, más allá de la capacitación tecnológica tradicional.

“En segundo lugar, el Fondo 55+ funcionó como una invitación a mirar las necesidades específicas de este grupo, y logramos que este año nuevamente se presentaran más de 100 postulaciones de universidades, fundaciones, empresas B y startups, lo que demuestra que es una convocatoria que hace sentido”.

La nueva etapa también incorporó una lectura productiva. Para Entel, la inclusión digital no se limita al acceso individual, sino que también debe considerar los espacios donde las personas mayores trabajan, emprenden o participan económicamente:

“Por último, la necesidad imperante de ampliar el foco. En esta segunda versión, incorporamos la digitalización de MiPymes, porque entendimos que el impacto estructural requiere también fortalecer el tejido productivo donde muchos chilenos mayores de 55 años siguen trabajando. El país necesita que todas las personas mayores sean ciudadanos digitales”.
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Medir impacto para decidir qué proyectos pueden crecer a futuro

El crecimiento del programa para este año también obligó a revisar cómo se seleccionan, ajustan o escalan las iniciativas. En esa línea, Entel ha trabajado junto a Transcendent en un modelo de medición de impacto social y económico, con el objetivo de usar evidencia concreta en la toma de decisiones.

“Trabajar con un modelo de medición riguroso nos ha permitido contar con evidencia concreta que apoya la toma de decisiones. En proyectos de este tipo, la medición no es solo una herramienta de reporte final, sino que nos permitió conocer el impacto concreto de los proyectos de la primera versión, cuáles funcionaron mejor, cuáles son escalables, etc.”.

La medición, en este caso, aparece como parte del diseño del programa y no solo como una evaluación posterior. La lógica es identificar qué metodologías generan efectos reales en la vida de las personas y cuáles requieren modificaciones antes de ampliar su alcance.

“Tenemos metas ambiciosas en cuanto a impacto, y no podemos expandir eficientemente un programa si no entendemos a fondo qué es lo que realmente genera valor. Medir el impacto nos permite saber exactamente qué metodologías cambian la vida de las personas y cuáles necesitan ajustes”.
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Una inclusión digital que va más allá de enseñar tecnología básica

La continuidad del Fondo 55+ también responde a una definición más amplia de inclusión digital. Para Entel, las personas mayores requieren herramientas para desenvolverse en trámites, trabajo, comunicación, redes de apoyo y servicios cada vez más digitalizados.

“En Entel nuestro propósito es acercar las infinitas posibilidades que da la tecnología, sin que nadie quede atrás. Eso requiere abordar a todos los grupos clientes, donde las personas mayores son un grupo prioritario que necesita la tecnología para trabajar, contar con redes de apoyo, hacer trámites, comunicarse con sus familias, y muchos otros usos que brinda la digitalización”.

Desde esa mirada, la brecha no siempre se explica por la falta de capacidad técnica. Muchas veces se vincula con la confianza, el temor a equivocarse, el aislamiento o la necesidad de seguir participando activamente en la economía.

“La gran mayoría de los casos que hemos tenido nos ha dejado la enseñanza de que las personas mayores en Chile no tienen dificultades con la tecnología en sí, sino con la confianza para usarla, con el aislamiento que la exclusión digital produce, o con la necesidad de mantenerse activos económicamente”.
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La tecnología se entiende como una herramienta conectada con la autonomía, los vínculos sociales, la empleabilidad, la educación financiera y la modernización de entornos productivos.

“Por eso el Fondo 55+ trabaja cinco ejes simultáneos: autonomía digital, vínculos comunitarios, empleabilidad, alfabetización financiera y digitalización de MiPymes. En Chile cada vez vivimos más años y la brecha digital no puede ser el factor que aparte a las personas mayores”.

Autonomía cotidiana y dignidad digital

Uno de los casos que grafica el impacto del programa es el de Mónica Nawrath, quien aprendió a usar redes sociales, Canva, Excel y herramientas de inteligencia artificial.

Para Francisc Florenzano, el resultado más relevante de ese proceso no está solo en la adquisición de habilidades, sino en la independencia que una persona puede recuperar al desenvolverse por sí misma en entornos digitales.

“El caso de Mónica y tantos otros que aprenden sobre redes sociales, Canva, Excel o herramientas de IA ilustra algo que va más allá de la competencia técnica. Se trata de dignidad”.
Francisca Florenzano, gerente de Sostenibilidad y Comunicaciones de Entel. | Créditos: Entel

Esa idea desplaza el foco desde la herramienta hacia el efecto que produce en la vida diaria. Usar una plataforma, completar un trámite o comunicarse por canales digitales puede significar dejar de depender de terceros para actividades cada vez más habituales.

“La dimensión más relevante no es que ahora puedan hacer algo que antes no podían, sino que dejan de depender de terceros para desenvolverse en el mundo cotidiano. Eso significa, por ejemplo, poder relacionarse con sus familias en los mismos canales, poder gestionar trámites sin pedir ayuda, poder emprender o seguir trabajando, poder defenderse de estafas”.

La autonomía digital, entonces, también tiene una dimensión social. No se trata únicamente de aprender una aplicación, sino de mantener participación, conexión y capacidad de decisión en un entorno donde los servicios avanzan hacia modelos cada vez más automatizados.

“Cuando una persona mayor deja de depender de terceros digitalmente, no solo gana autonomía, gana también la capacidad de permanecer conectada, activa y relevante socialmente. Ese es el verdadero cambio”.
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Aprender desde la confianza entre pares

Dentro de los proyectos escalados se encuentra OpenSeniors, que contempla un modelo de monitores pares. En este esquema, personas mayores ya formadas acompañan a nuevos participantes, lo que permite construir aprendizajes desde experiencias compartidas y no únicamente desde una relación vertical entre capacitador y alumno.

“Este modelo tiene gran valor para Entel. Demuestra que la confianza digital se construye horizontalmente, no solo de arriba hacia abajo. Cuando quien te enseña tiene tu misma edad y ha vivido tus mismas dudas, el aprendizaje se hace más concreto, aporta más valor”.

El modelo también busca ampliar el alcance del conocimiento, al formar personas que luego pueden acompañar a otros participantes; la transformación digital deja de depender solo de equipos externos y empieza a sostenerse en la propia comunidad.

“La iniciativa busca capacitar a 700 personas este 2026. Este esquema permite que el conocimiento se reproduzca sin depender permanentemente de las mismas personas, donde los protagonistas de la transformación digital son las mismas personas mayores y no solo receptores”.
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Seguridad financiera digital y prevención de estafas

La alfabetización financiera digital aparece como uno de los ejes más sensibles del programa. El temor a estafas, phishing o suplantación puede convertirse en una barrera para que las personas mayores usen servicios financieros en línea, incluso cuando tienen acceso a dispositivos y conectividad.

“El eje de alfabetización financiera digital, impulsado en alianza con Banco Falabella, reconoce que el principal freno no es la capacidad técnica, sino el temor a estafas, phishing y suplantación. Por eso consideramos tan importante abordar esta temática”.

En la versión 2026, una de las iniciativas ganadoras apunta precisamente a ese problema. Se trata de una solución orientada a MiPymes, con foco en personas mayores de 50 años, que busca entregar herramientas para reducir riesgos asociados a fraudes digitales.

“Este año, uno de los proyectos ganadores es Yotta Insurance, con su ‘Seguro Antiestafas con Cybercompliance para Pymes’. Se trata de una solución tecnológica antifraude para MiPymes a nivel nacional, enfocada en personas mayores de 50 años, reconocidos como un grupo vulnerable a estafas digitales. Ofrece una app móvil con alertas en tiempo real ante phishing y suplantación, planes de reembolso y un tablero de control de cumplimiento de la Ley de Ciberseguridad chilena”.

La seguridad digital, en este punto, se vincula directamente con la autonomía. Para Entel, el objetivo es que las herramientas financieras en línea no sean percibidas como amenaza, sino como canales posibles de independencia cotidiana.

“La meta es que el uso de herramientas digitales para las finanzas sea un canal de autonomía”.
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Inteligencia artificial, empleabilidad y talento senior

El Fondo 55+ también incorpora proyectos que cruzan tecnología, trabajo y actualización de habilidades. Uno de ellos es Duplas Intergeneracionales Tech, iniciativa que considera formación en inteligencia artificial y trabajo colaborativo entre profesionales senior y jóvenes.

“Este modelo demuestra que la capacidad de aprendizaje y adaptación no tiene fecha de vencimiento. Los 500 profesionales de 55 a 70 años que se formarán en IA están activamente demostrando que la era digital es de todos”.

La iniciativa también propone una mirada distinta sobre el valor del talento senior. En lugar de plantear una competencia entre generaciones, el modelo busca combinar experiencia profesional con nuevas herramientas tecnológicas.

“Además, sobre la empleabilidad, muestra que el valor profesional senior no está en competir con lo que saben los jóvenes, sino en combinar experiencia con nuevas herramientas. En un país que envejece aceleradamente, donde en 2050, 1 de cada 4 chilenos tendrá más de 65 años, este tipo de iniciativas colaboran a que avancemos como país”.
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MiPymes y entorno productivo digital

La incorporación de la digitalización de MiPymes amplía el alcance del Fondo 55+ hacia el entorno económico donde muchas personas mayores siguen participando. Para Entel, esta línea responde a una comprensión más estructural del problema, porque la inclusión digital individual también depende de los espacios laborales y productivos donde esas habilidades se aplican.

“La línea de MiPymes, con apoyo de Entel Digital, responde a una comprensión más amplia del problema. La inclusión digital de personas mayores ocurre en un entorno económico donde trabajan, emprenden y dependen de un tejido productivo que también necesita modernizarse”.

Esta dimensión permite mirar a las personas mayores no solo como usuarias de tecnología, sino también como trabajadoras, emprendedoras o colaboradoras de pequeñas y medianas empresas. Digitalizar esos entornos puede incidir directamente en su continuidad laboral y productiva.

“Muchos chilenos mayores de 55 años siguen siendo trabajadores, emprendedores o colaboradores de pequeñas y medianas empresas. Digitalizar MiPymes es crear el contexto donde estos trabajadores puedan seguir siendo productivos”.
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La decisión de incluir MiPymes también evita separar artificialmente la inclusión digital por edad. La transformación de un negocio puede impactar a trabajadores, proveedores y clientes de distintas generaciones, incluidas personas mayores.

“Además, la economía digital no admite fronteras etarias rígidas. Por ejemplo, un dueño de una Pyme de 60 años que logre digitalizar su negocio impacta directamente en sus empleados, proveedores y clientes, muchos de los cuales pueden ser también personas mayores. Por lo que incluir este eje era una necesidad, no se puede pedir a las personas que desarrollen habilidades digitales si el entorno donde las aplican permanece obsoleto”.

El desafío territorial de la inclusión digital

La inclusión digital no enfrenta los mismos obstáculos en una gran ciudad que en una comuna más pequeña, donde la distancia, la menor densidad y la falta de espacios de encuentro pueden dificultar la formación presencial.

“Existen iniciativas digitales que se quedan solo en capitales regionales, por lo que el desafío es llegar a comunas más pequeñas donde la distancia, la menor densidad y la falta de puntos de encuentro dificultan la formación presencial”.

Para enfrentar esa brecha, la versión 2026 contempla proyectos en distintas zonas del país. La estrategia apunta a trabajar con iniciativas que ya cuentan con presencia territorial y experiencia en comunidades específicas.

El Fondo 55+ tiene proyectos con iniciativas en Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O'Higgins, Maule, Biobío, La Araucanía y Los Lagos. Esa es la estrategia para enfrentar el desafío de que la inclusión digital no quede concentrada solo en grandes ciudades. Tenemos proyectos que ya tienen presencia territorial probada”.
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Uso responsable de tecnología y una mirada hacia 2030

La evolución del programa también se vincula con la estrategia de sostenibilidad de Entel y con su compromiso “Conciencia en Todas”. Desde esa perspectiva, el Fondo 55+ no se plantea como una acción puntual, sino como parte de una agenda de largo plazo sobre tecnología, inclusión y uso responsable.

“El Fondo 55+ está enmarcado en nuestro compromiso ‘Conciencia en Todas’, y en la estrategia de sostenibilidad de Entel al 2030, por lo que la proyección es de largo plazo, no coyuntural”.

El avance de la inteligencia artificial y de los servicios automatizados obliga a actualizar permanentemente la alfabetización digital. Para Entel, el desafío ya no consiste solo en enseñar a usar herramientas, sino en promover criterios para comprenderlas y utilizarlas de manera consciente.

“En los próximos años el programa debe mantenerse relevante frente al uso de la Inteligencia Artificial, que ya es parte de proyectos actuales, pero que cada vez será más central. El desafío no es solo enseñar a usar IA, sino a usarla con criterio. También somos conscientes de que cada vez son más los servicios que están siendo automatizados, a medida que más trámites y servicios se digitalizan completamente, el costo de no saber navegarlos crece exponencialmente”.

Esa proyección instala una preocupación más amplia: evitar que el envejecimiento de la población derive en una exclusión digital masiva. En un escenario de cambio tecnológico acelerado, la innovación también implica diseñar mecanismos para que las personas mayores puedan participar activamente de ese proceso.

“La visión es que las personas mayores no sean receptoras pasivas de la tecnología, sino usuarios conscientes y críticos. Chile necesita que el envejecimiento no se convierta en exclusión digital masiva. En Entel entendemos que, en un mundo de cambio tecnológico acelerado, la innovación no es solo crear productos y servicios, sino impulsar iniciativas para asegurar que nadie se quede atrás”.

Francisco Carrasco M.

Francisco Carrasco, editor general y periodista azul especializado en TI con más de 24 años en el mercado local e internacional, quien trabajo por 15 años con la destacada editorial IDG International.