Darío García de Viedma, Alejandro Amigo y Kenneth Pugh participaron en el panel Chile ante el nuevo orden tecnológico: capacidades estratégicas y decisiones que no pueden esperar, del Summit País Digital 2026.

Rafael Rincón-Urdaneta, jefe de Objetivos de Desarrollo Digital de Fundación País Digital, moderó la conversación sobre autonomía, infraestructura y gobernanza tecnológica.
Darío García de Viedma: riesgos geopolíticos y condiciones para la nube
Darío García de Viedma, investigador del Real Instituto Elcano, vinculó la dependencia tecnológica con la capacidad de negociación de los países y advirtió que esa relación puede utilizarse como instrumento de presión en otros ámbitos.
“El primero es el riesgo de coerción. Es decir, cuando tú tienes una dependencia muy fuerte con otro país, puede que este la utilice en tu contra en conversaciones más amplias como pueden ser militares, comerciales, financieras”.
En el escenario de competencia entre Estados Unidos y China, García de Viedma añadió los riesgos de interrupción de servicios y vigilancia de los flujos de conectividad. Propuso evaluar también efectos sobre empleo y desigualdad, evitando elegir tecnologías solo por su origen nacional.

Viedma planteó que Chile puede negociar condiciones con los grandes proveedores de nube, considerando la continuidad del acceso y los efectos de sus inversiones sobre recursos naturales y comunidades.
“Es decir, las inversiones de los hiperescalares que quieren construir infraestructura cloud es fantástica y aporta muchísimo a la economía chilena, pero tampoco es un favor que os estén haciendo o que no os estén haciendo. Es decir, se pueden pedir condiciones a cambio como puede ser más transparencia en el uso de recursos naturales, más beneficios para las comunidades locales y una un suministro continuo y idealmente blindado con ciertas cláusulas de que se va a priorizar el el acceso a este cómputo en Chile”.
También propuso compartir cómputo y datos con otras potencias medias y pequeñas, coordinar posiciones de gobernanza internacional y diversificar la investigación para desarrollar capacidades en futuras revoluciones tecnológicas.

Alejandro Amigo: dependencia consciente y cómputo avanzado
Alejandro Amigo, investigador sénior de AthenaLab, propuso identificar de qué países y empresas depende Chile, evaluar alternativas y calcular el tiempo y los recursos necesarios para cambiar de proveedor ante una alteración del escenario geopolítico.
“La idea es no depender por defecto, o sea, producto de decisiones generar dependencia, sino que ser dependentes, pero conscientes de nuestra dependencia y a partir de ahí gestionarla”.
Amigo destacó los activos de Chile en minerales, energía solar y terrenos, pero identificó el cómputo avanzado como su dependencia más crítica para entrenar, ajustar y operar modelos de IA. Advirtió sobre restricciones externas y costos de migración, y propuso capacidades propias basadas en modelos de pesos abiertos, con datos críticos bajo jurisdicción nacional.

Desde AthenaLab, identifican en Pax Silica una oportunidad para atraer recursos hacia la infraestructura de IA y convertir los activos de Chile en capacidades que respondan a sus intereses nacionales.
“Y lo segundo de alguna manera, yo creo que uno de los grandes valores de PAX Silica es el acceso a inversiones”.
Sostuvo que esa participación no garantiza acceso continuo a cómputo o modelos de frontera y propuso negociar avisos previos y condiciones para mantener servicios críticos ante restricciones. Planteó atraer inversión hacia un polo de cómputo en el norte, obtener transferencias tecnológicas mediante alianzas y resguardar las relaciones comerciales con otros socios, incluida China.

Kenneth Pugh: contratos, capacidades y confianza digital
Kenneth Pugh, vicealmirante (r), exsenador y fellow de AthenaLab, situó la brecha institucional en la capacidad de convertir el conocimiento y los instrumentos existentes en decisiones políticas, financiamiento y confianza en los desarrollos nacionales.
“Conocimiento lo tenemos. El problema es convicción. En Chile no tenemos convicción que tenemos que hacer ciertas cosas. No creemos en los chilenos. No creemos los productos, no creemos las capacidades que tenemos y eso no se transforma en voluntad política y en presupuesto”.
Pugh vinculó el poder digital con gobernanza, infraestructura y ciberseguridad, y cuestionó las brechas de capacidad operativa en esta última. Para las compras tecnológicas, propuso verificar si existe un sustituto, cuánto cuesta migrar, si la transición fue ensayada y qué permiten los contratos sobre acceso y control de datos.

Para el exsenador, la confianza digital requiere que el país pueda verificar el comportamiento de los sistemas que adquiere, con evaluación y certificación de las tecnologías utilizadas.
“Vamos a ser soberanos en la medida que sepamos qué estamos comprando y cómo están actuando las cosas”.
Planteó trabajar con modelos de IA suficientes para las necesidades nacionales, formar talento para programar chips e invertir en cómputo compartido. Cerró con propuestas de interoperabilidad estatal, identidad digital robusta y presupuesto para infraestructura digital, mediante coordinación del Estado con empresas y capacidades académicas, civiles y militares.







